Crónicas Depresivas: Atrévete a Aceptarlo
¿Qué tan difícil puede ser hablar de depresión?

Hola, mi nombre es Ignacia, tengo 31 años y casi dos tercios de mi vida han sido de lidiar con una depresión que tengo pegoteada en la cabeza como un chicle se te pega en la suela de los zapatos en pleno verano.
Mientras escribo esto no sé muy bien por dónde empezar. Mi objetivo principal de la columna “crónicas depresivas” es hablar en primera persona sobre el estado de la salud mental, las situaciones en las que una se ve envuelta como persona con depresión, y finalmente demostrar que soy una persona común y corriente peleando contra una enfermedad crónica.
Mi sueño es quitarle el estigma negativo a la conversación que tenemos que tener como sociedad sobre la salud mental.
Es raro, porque sé que muchos depresivos, yo misma incluso, escondemos nuestra condición al resto; no queremos que nos tilden de ‘locos’, probablemente somos muy malos respondiendo preguntas incómodas y porque no queremos que influya en la percepción que los otros tienen de uno. Sé lo que es el terror de que se pueda saber en el trabajo, por ejemplo. La gente suele creer que no se puede confiar en una persona con depresión.
Nadie puede demostrar que tiene un trastorno de personalidad o del ánimo. Las enfermedades invisibles son más fáciles de ignorar. Por eso siento que en este momento en que las mujeres por fin estamos compartiendo nuestras historias entre nosotras, y creo que ser una mujer con depresión en los ’10s es algo que necesita ser documentado.
Necesitamos visibilidad. La gente prefiere mentirse a sí misma antes que aceptar que la depresión existe: Violeta Parra se disparó a sí misma por culpa del desamor (épica patriarcal: la mujer que no puede vivir sin el hombre de su vida, oh qué gran tragedia poética), Heath Ledger no se la pudo haciendo su papel del Joker, a Kurt Cobain lo mató Courtney Love y lo de Marilyn Monroe es una conspiración de la CIA.
Para todos es complicado hablar del tema. Mi familia se demoró años en aceptar mi trastorno -las crisis de pánico, por ejemplo, eran dolores de estómago muy intensos así que me fui a tratar con un gastroenterólogo en vez de un psiquiatra- incluso a pesar que estoy genéticamente predispuesta.
Y me ha dado vergüenza hablar de esto, obviamente. Me da angustia pensar en el rechazo que eventualmente podría recibir de absolutamente nadie, porque mi cabeza está cableada así.
No dije que esto iba a ser fácil.
