“La RSE ante el espejo” por Sira Abenoza y Josep M. Lozano

El 2000 fue un gran año para la RSE, un año en el que los organismos internacionales hicieron apuestas firmes para avanzar hacia una economía sostenible y para promover un modelo de empresas más responsables. Después de quince años, ¿qué balance se puede hacer de la Responsabilidad Social Empresarial en España? “Hay más decepciones que logros, pero esto no significa que el balance sea negativo porque los logros tienen mucho peso, por lo que somos optimistas al poner la RSE ante el espejo”, señaló el pasado miércoles Sira Abenoza, autora junto a Josep. M. Lozano del libro La RSE ante el espejo. Una obra que se ha llevado cabo mediante la realización de veintiuna entrevistas en profundidad a personas de distintos ámbitos y con amplia trayectoria en el contexto de la RSE española. “Un libro que va a ser una referencia en los próximos años”, afirmó durante la presentación Juan José Almagro, presidente de DIRSE, la Asociación de Directivos de RSE.

Fruto de estas conversaciones, los investigadores del Instituto de Innovación Social de Esade han reconocido tres mentalidades básicas en torno a la RSE. La gestora, donde la Responsabilidad Social es un departamento más de la empresa con unas funciones delimitadas que tiene que cumplir. La profesional, que englobaría a las personas que entienden la RSE como herramienta estratégica para mejorar la empresa, y la mentalidad transformadora, donde los entrevistados veían la RSE como la solución a los problemas que se tenían. “Estas últimas personas ven el vaso medio vacío, porque es difícil decir que la RSE haya cambiado la sociedad, durante estos quince años han habido más decepciones que logros pero no se puede hacer un balance negativo porque los logros tienen mucho peso”, precisó Abenzoa.

Comenzando por lo positivo, la RSE es un discurso aceptado que se ha ganado un hueco en la sociedad y para ello el papel de sus protagonistas ha sido fundamental, estos han tejido fuertes redes de colaboración y cooperación. Por el contrario, las grandes decepciones que se han percibido durante estos años son las siguientes: falta de credibilidad(algunas empresas han empleado la Responsabilidad Social de forma superficial y han abusado de la acción social), se ha utilizado como mera estrategia de comunicación, no llega a calar en otros departamentos de la empresa, la no medición de resultados y la falta de información del consumidor. “El hecho de encontrar dificultades en la medición dificulta el argumento del valor de la RSE ante la sociedad o en la propia empresa”, incidió la coautora catalana. Asimismo, la carencia de información hace que el consumidor no pueda discernir entre aquellas empresas que emplean la RSE de manera estratégica o de manera superficial, por lo que “el consumidor responsable no sabe cómo hacerlo, y las empresas responsables no consiguen que sus clientes le valoren”.

Otro hallazgo que se puede encontrar en esta obra son las funciones de la RSE, donde hay empresas que empiezan de forma evolutiva y van escalando o simplemente pueden comenzar ya desde una posición intermedia. El primer nivel es el operativo, aquel que la empresa entiende la RSE como un cajón desastre. Aquí, el responsable de RSE se va paseando por la empresa para ver qué puede incorporar a la memoria de RSE. La segunda función sería la facilitadora, donde la empresa entiende que la RSE permite conectar a todos los departamentos entre sí. Y en la cúspide, la tercera función que entiende la Responsabilidad Social como una especie de termómetro, se identifican tendencias incipientes, la organización se adelanta y se puede hacer líder en el mercado.

Josep María Lozano y Sira Abenzoa también preguntaron a los entrevistados sobre las características comunes de los profesionales de la RSE y así han recabado que éstos deberían ser personas humanistas, multidisciplinares, con pensamiento sistémico, empáticos, con capacidad de conectar con otros perfiles dispares de la empresa y visionarios. Pero, para el avance de la Responsabilidad Social es imprescindible también que el resto de empleados tengan determinadas características, algunas idénticas a las anteriores y otras más específicas como una mente abierta, gran sentido común y humildad.

En otro apartado del libro los autores contrastan los tópicos que circulan alrededor de la RSE con la realidad y esto es lo que sucede:

- El diálogo con los grupos de interés no suele hacerse de una manera real

- La RSE mejora la competitividad sí, pero si se entiende a largo plazo

- La alta dirección tiene que defender la RSE, pero ahí no es donde se juega su éxito. Es en los niveles medios donde de verdad se debe ejecutar

- Nadie dice que las memorias de RSE sean inútiles, pues tienen como mínimo el valor de poner a todos los departamentos a dialogar

Y, ¿qué queda después de poner la RSE ante el espejo? Como dice el subtítulo del libro, una mezcla entre el desencanto, la conciencia de oportunidad y el sentimiento de urgencia. “Tras la investigación surgen dos preguntas: ¿qué empresas necesita hoy nuestra sociedad? y ¿qué sociedad contribuye a construir nuestras empresas?”, subrayó Sira Abenoza.

En la presentación en Madrid de “La RSE ante el espejo” también participó Alberto Andreu, director Global de Organización y Cultura Corporativa de Telefónica, que vinculó la Responsabilidad Social con la cultura corporativa y definió esta última como “lo que hace la gente cuando nadie le ve”.

@ignaciocayetan