La Economía es nuestro Skynet

Hemos pasado de crear una convención para ayudarnos a progresar, a ser esclavos de ella.

Hace dos décadas, una saga de películas triunfaban en los cines de todo el mundo: Terminator (I, II, III). El guión de estos filmes era terriblemente simple: en un futuro una vez más distópico, un super ordenador que lo controla todo llamado Skynet toma conciencia de si mismo y decide que los seres humanos son un estorbo. Así que crea una legión de siniestros androides, los Terminators, cuya función es exterminar a la humanidad a base de rifles láser y bombas. Como es habitual en este tipo de películas, un pequeño grupo de bravos humanos organiza la resistencia contra ellos, enzarzándose en una clásica guerra con ametralladoras y granadas contra la tiranía de las máquinas.

Bien, estamos en 2015 y parece que ya vivimos en esa distopía.

No vemos exactamente ese campos de batalla lleno de androides de hojalata repartiendo plomazos a diestro y siniestro (por desgracia eso sigue pasando entre seres humanos), pero eso no quiere decir que el guión de Terminator sea menos vigente hoy en día: máquinas creadas por humanos que han decidido que somos prescindibles y por lo tanto, eliminables.

Debido a que esta idea escatológica no se está desarrollando exactamente de la misma manera en la que se presentaba en la película, no es obvio percatarse del fenómeno. Pero ya existe una suerte de Skynet. Y efectivamente, es algo siniestro y consciente. Y sí, es algo creado por nosotros y que ahora está fuera de control. Y… adivina: ha decidido exterminarnos, de manera silenciosa y amoral.

Esta máquina Skynet, es la Economía.

No tu economía familiar, ni siquiera la economía de tu país, si no la Economía, entendida como ese colosal Sistema Complejo creado hace mucho tiempo por los humanos a modo de un ente útil, que ahora se ha convertido en un monstruo que nos gobierna, así como Saturno devoraba a sus hijos.

A veces lo llamamos la Economía, otras veces los Mercados… no importa demasiado la etiqueta. Los cracks económicos que estamos presenciando últimamente se podrían describir — como Max Otte apuntó en su libro — como cracks en la Información, brotes de confusión.

Veamos el estado actual del mundo. ¿Cuántos seres humanos están siendo ahora mismo sacrificados silenciosamente en pos del dios Economía? Gobiernos democráticos de todo el mundo siguen agobiados los mandatos de la Economía para imponer un austericidio con tal de complacer a “los Mercados”, temerosos de sus reacciones y sus oráculos, y toman casi todas sus decisiones basados en ese temor en lugar de temer a los electores que les votaron.

El submundo de los Mercados Financieros es tan complejo y funciona a tal velocidad que se ha convertido en algo fuera de control, nadie está a los mandos. La cantidad de transacciones por segundo a nivel mundial es algo incalculable, y cualquier pequeño rumor o ruido puede provocar una montaña rusa en el devenir de esos mercados.

Sofisticados algoritmos sustituyen a seres humanos cuando se trata de realizar delicadas decisiones sobre inversión de capitales a nivel global. Una serie de máquinas empiezan a dialogar entre si para tomar ese tipo de decisiones. Es algo tan extenso y complejo que quizá la entidad global, o sea Skynet, podría perfectamente haber obtenido autoconciencia inteligente como una propiedad emergente fruto de tanta complejidad, y empezado a pensar por si sola y tomar sus propias conclusiones y decisiones.

Y dentro de esa lógica, los seres humanos, los mismos que la crearon, pueden haberse convertido en una variable irrelevante en la ecuación y por lo tanto un gasto inútil para la viabilidad del programa.

Así que ahora la Economía es una entidad que vive por y para su propia subsistencia. No le importan cosas como la sanidad, comida o incluso la biosfera, ya que no son vitales para su existencia. Así que Skynet seguirá con sus asuntos sin tener cuidado hambrunas, deterioros del medio ambiente o cualquier asunto similar. No son un problema para él.

La Economía, una estructura funcional creada por los seres humanos como un sistema avanzado que ayudaba a su supervivencia, ha crecido tanto y se ha vuelto tan compleja que se ha convertido en una paradoja: una entidad con vida propia que ya está madura para implementar y ejectuar el programa del Fin de los Tiempos, el Escatón. Todo ello sin necesidad de crear androides de hojalata que peguen tiros con sus ametralladoras láser. Simplemente gobernando el mundo mediante algoritmos irrefutables que emplean a los políticos como sus Terminators, arruinando el medio ambiente, dejando a los ciudadanos morir de hambre o desesperación.

¿Quién será la Sarah Connor en este campo de batalla?

(dedicado al periodista Manuel Arenas, de quien escuché por primera vez la idea de la Economía como Skynet, en una de sus múltiples ideas en construcción).

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