Los falsos amigos del autoengaño

Para acallar nuestra conciencia y seguir viviendo tranquilamente en nuestra zona de confort, es necesario acudir a falsos sinónimos, ya que las palabras nunca son inocentes.

Hace algún tiempo, una marca de cigarrillos hizo una exitosa campaña de publicidad basada en un eslogan: “Disfruta de tus contradicciones”. Si hay un colectivo numeroso de personas adictas en nuestra sociedad, éste es sin duda el de los fumadores, que viven en una constante disonancia cognitiva sobre su hábito. Y eso es algo a lo que los creadores de dicha campaña se agarraron sin dudar. “Sí, cada vez que enciendes tu cigarrillo te asalta la disonancia. Sabes que es malo pero a la vez te apacigua. Así que no te atormentes y disfrútalo”. Refuerzo del autoengaño. Una estrategia simple pero muy efectiva.

Las palabras son los ladrillos con los que se construye el lenguaje. Y el lenguaje es de lo que está hecho ese diálogo interno que todos tenemos y que no siempre (o mejor dicho, casi nunca) es un buen consejero. Entonces, hay que ser cuidadoso a la hora de escogerlas.

Ejemplo de la campaña de Nobel para la promoción de las contradicciones

Esto es algo que conocen bien aquellos que viven de la industria del Embaucamiento, y que se dedican a diseminar confusión del mismo modo que un campesino esparce sus semillas por la tierra confiando en una próspera cosecha. A río revuelto, ganancia de pescadores. A sociedad desnortada, ganancia de charlatanes.

Y es que, a más débil es el discurso, más potente y misterioso ha de parecer el vocabulario, para que la fuerza de las palabras máscara disuada todo intento de querer ahondar en una explicación consistente, y se opte por capitular al dogma y al pensamiento mágico. Veamos algunos ejemplos:

La impertinente Impermanencia.

Una de las palabras que escucho cada vez con más frecuencia de boca de recién iluminados es ésta: Impermanencia. Tomada prestada de la filosofía budista, aunque no exclusiva de ésta, la Impermanencia es la palabra máscara para maquillar u ocultar una término tan certero como incómodo como es la Volatilidad.

En nuestra sociedad de la Modernidad Líquida, donde todo es volátil (el empleo, la pareja, la identidad…) y donde los compromisos de permanencia quedan casi reducidos al tétrico ámbito de los contratos de telefonía, se impone poner de moda un eufemismo para esconder nuestras vergüenzas, nuestra falta de solidez. Nadie va por ahí presumiendo de lo volátil que es, puesto que se arriesgaría a un cierto grado de rechazo social, con lo que sería complicado establecer vínculos sociales, aunque acaben siendo volátiles claro está.

A más débil es el discurso, más poderosa y enigmática ha de sonar la palabra que lo promociona.
Monjes tibetanos deshaciendo un mandala que tanto les costó hacer, como demostración de lo que es la Impermanencia.

Entonces, nos parapetamos en un aura de misticismo al evocar la Impermanencia como coartada para justificar nuestra volatilidad. ¿Quién se atrevería a poner en tela de juicio al mismísimo Buda, por favor? Bajo la bandera de la impermanencia, se gana la licencia para romper fácilmente cualquier posible sombra de compromiso que nos aceche.

Y esto está relacionado con el siguiente palabra máscara…

¿Fluir o Huir? No, FLHUIR

Si con la Impermanencia no es suficiente, podemos pedir ayuda a un recurso más cercano culturalmente como es el caso del Panta Rhei (“Todo fluye”) de Heráclito.

Todo fluye, todo cambia, nada permanece. Esto nos permite, por ejemplo, abandonar rápidamente una relación para establecer otra alegremente sin tener que dar demasiadas explicaciones morales. Ni a nosotros ni a la persona que abandonamos. Si todo fluye, es casi ley que tengamos que tarde o temprano saltar hacia otro foco de diversión, hacia otro proveedor más conveniente.

Fluir es el eufemismo que empleamos para Huir. ¿No sería pues más fácil amalgamar ambos y decir que estamos flhuyendo?

La vida (o el mundo) es contradictoria

Existen realmente muy pocas personas que sean 100% íntegras y que vivan su vida de una manera absolutamente coherente, próximas a la perfección, acorde con la Virtud. Vale.

Pero otra cosa distinta es, en la línea de quien flhuye y no permanece, ser un criadero de contradicciones e inconsistencias.

Cuando confrontamos a alguien en busca de una explicación por su conducta contradictoria o poco ecuánime, que puede a menudo ser el origen de atropellos a otras personas, frecuentemente optan por echar balones fuera y focalizar la responsabilidad en un elemento externo. “Así es la vida”, “La vida no es justa”, “El mundo es contradictorio”.

No. Perdona. El mundo, la vida, las personas… en todo caso somos complejas. El universo es complejo, y el objeto más complejo dentro de ese universo es el cerebro humano. Una de las características naturales de los sistemas complejos es la presencia de Paradojas.

Lo complejo, es paradójico, y eso es natural.

Esta imagen… ¿es paradójica o contradictoria?

Entonces, puedes decir que en ti existen paradojas, sobre todo si eres una persona sofisticada, compleja. Pero una contradicción implica que hay una voluntad detrás que la pilota. El Universo no tiene una voluntad de contradecirse. Es complejo y paradójico por construcción. Pero tú, que sí posees una voluntad, puedes templarla para no incurrir en contradicciones. Una contradicción es eso, decir o hacer lo contrario de lo que se dice o se piensa. Así que no le eches la culpa a un mundo o a una vida que no tienen capacidad de obrar con voluntad propia, y trabaja por resolver tus contradicciones para no ser alguien incongruente.

El mundo puede ser complejo, hasta parecer caótico, pero siempre es congruente.

Corolario

La inmensa mayoría de nosotros estamos muy lejos de ser unos iluminados capaces de fluir en el vacío del Nirvana, por más que la propaganda que fluye descontrolada por las redes sociales te haga creer lo contrario.

Así que, ¿qué tal si dejamos de jugar a ser lo que no somos ni estamos llamados a ser, y de paso así dejamos también de joder al prójimo con nuestras impertinencias?

El mundo es complejo y paradójico, pero siempre es congruente. Y esto, es natural.

La gran mayoría de seres humanos tenemos una serie de necesidades que precisan de que otras personas permanezcan y que sean congruentes, para poder vivir en un entorno con la solidez y estabilidad suficientes y de este modo, poder evolucionar. Si todo es volátil, fluido, contradictorio y circunstancial… no queda nada esencial en lo que guiarse. ¿Es así como pretendemos prosperar?

Otro día abordaré otro de los falso amigos de la iluminación: el “vivir en el AHORA”.