© Michael Kiwanuka — “Black Man in A White World”

Me ha ocurrido con cantantes o grupos que ahora son estrellas mundiales o van camino de serlo. Un día los descubres, sólo tú los escuchas y son casi como de tu familia: te encariñas con ellos como con ese primo lejano al que ves poco pero aprecias mucho. Durante todo ese proceso de descubrimiento, que va desde un día random que les encuentras en Spotify hasta que terminan llenando estadios de 50.000 personas, me siento como su mánager musical: una especie de mágener personal imaginario, que no cobra comisiones reales, pero que les ha visto crecer, que ha seguido el camino de ese artista o grupo desde sus inicios, antes de que llegaran al top de éxitos de iTunes, antes de que tuvieran el tic azul en Spotify, antes de que sus vídeos me aparecieran en las primeras búsquedas de Youtube y antes de que ni siquiera llegaran a los 3000 seguidores en Twitter.

Michael Kiwanuka o Chvrches, dos de mis cantantes y grupos favoritos, son algunos ejemplos.

Recuerdo la primera vez que vi a Chvrches en concierto: fue en el DCode 2014, en el campo de rugby de la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense. A Michael Kiwanuka le vi actuar en el Mad Cool Festival 2016, en una de las pequeñas pistas de tenis cubiertas de la Caja Mágica.

Pensé que esos tíos eran demasiado buenos para actuar ahí. Eran unas condiciones impropias para su talento. Dar un concierto en un campo de tierra lleno de barro o en una pista enana, agobiante y con mala acústica no me pareció lo más adecuado.

Hubiese hablado con los organizadores del concierto. Como su mánager personal imaginario me sentí en la necesidad, casi en el deber, de pedir explicaciones a los responsables.

Un poco más tarde lo entendí.

Como yo, 5.000 personas vibramos con su música sin importar las condiciones del lugar. Durante esas dos noches de verano, fuimos 5.000 mánagers personales imaginarios compartiendo el ambiente y la energía musical del momento.

A veces no nos damos cuenta, tomamos lo ajeno como propio y nos creemos más especiales e importantes que los demás, pero no entendemos que lo verdaderamente especial e importante es compartir esos momentos con otras personas como tú.

Happiness only real when shared.” ― Christopher McCandless
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