Trenes a Congreso de Tucuman.


Él:

Hay mujeres que saben moverse. Pero cuando digo eso, no me refiero a moverse en un boliche con música, sino que tienen el poder de sacar un chicle del bolsillo con la misma sensualidad de quien baila en el Colón. Ella era una de esas y estaba allá, del otro lado del andén, justo en frente mío. Ella me miraba fijo, yo la miraba de vuelta y por algunos minutos me olvidé que estaba tarde.

Qué hago? Le digo algo? Grito? No, voy a quedar como un boludo y ella se va avergonzar mucho. Listo, voy a atravesar hasta el otro lado y hablarle del tiempo, de cómo no importa el frío que hace afuera, acá adentro te re cagás de calor. Seguro se ríe y a las chicas les encanta un hombre que las haga reir, eso me dijo mi amiga Marta el otro día.

Se rió o estoy loco? Éste es el momento en que le hago señas y le digo que me espere hasta que la alcance al otro lado del andén y le invito un café, pero en otro momento porque ahora no da. Ojalá pase algo.

Escucho un ruido y me vuelvo loco porque viene el subte, pero todavía no sé si es el mío o el de ella. Es la hora de gritarle que aguante un poco mientras cruzo al otro lado. Que me espere, que no se suba al subte sin que antes hablemos. Ella no se puede ir asi. Yo no puedo esperar que la ocasión nos junte otra vez en el subte o que me la vaya a cruzar en un boliche. A mi no me gustan los boliches y ojalá a ella tampoco.