Trust the Future

Lycanthrophy


(No encuentro e ignoro si lo escribí, la historia de los niños blackcore que se tomaban por asalto tácito la escena old school, haciendo de las suyas para desgracia de algunos de los puristas del género que nos convocaba los sábados en la tarde.

Volví a pensar en la hipotética escena del nuevo black, principalmente niños que no nacieron para odiar al mundo sino niños que nacieron ya odiándolo todo, porque me sentía rodeado de una gran parte de ellos, avezados, en los conciertos pequeños de los viernes en la noche o de los sábados en ciertas tardes de comunión y cerveza, y muchísima bulla grata.)

Había pensado en que tenía un proyecto llamado Eucalipto, que empezaba los conciertos a eso de la una de la tarde, con una capa poco tenue de Harsh a la que le agregaba quizás voces de noticias de violencia contra la mujer, voces de la fugaz teoría queer que avanza a la velocidad de la luz, voces de señales de un planteamiento libertario más que hechizante de gente que se llevaba bien consigo mismo, mientras tomaba la guitarra y tras sacar alguna notas las procesaba ad infinitum, o en ocasiones solamente dejaba que la máquina hiciese de las suyas para quedarme con la constelación del bajo a lo largo de los 40, 60 minutos de trance.

(El viernes Pordiozero tocó en La Pepa junto a Chulo, Nastiness, Beat the Boss y Kitate, y Enrique lo que hizo fue puro ruido del crudo, del cruel, tanto así que sacó a una gran cantidad de personas quedando de testigos muy pero que muy pocos de quiénes estuvimos ahí para presenciar, a mi modo de ver, la siguiente encarnación del punk)

La siguiente idea es, quizás muy en la onda Prokofiev, de instaurar una sinfonía de tres movimientos entre los 10 y los 12 minutos inspirada en álbumes de Fvll O’ Hell, Nails y Phobia. La constitución de dicha obra tendrá que ser comentada, cuando el destino o la vida se antoje proclive a ello, para una mayor explicación, tras el encuentro con la compositora Melissa Vargas.

He de confiar en el futuro