“Esperaba que fueras hombre”

No puedo creer que en pleno 2016 sigan existiendo los misóginos - [persona] Que siente aversión hacia las mujeres o no confía en ellas-.

Todos los días agradezco no vivir en el Medio Oriente, con mujeres que hoy son castigadas por andar solas en la calle o sin cubrirse la cara. También agradezco no haber nacido hace 60 años, cuando las mujeres “nacían” para ser amas de casa y buenas esposas, siempre atendiendo al marido y a los hijos; ¿Trabajar? Con saber escribir era suficiente, total, no ibas a ocupar más estudios si pasarías tu vida cocinando, limpiando y sonriendo.

Hoy, afortunadamente, las mujeres tenemos derecho al voto y somos muchísimo más independientes que antes, cada vez más terminan la universidad y cada vez hay más que “se atreven” a estudiar una ingeniería (no me van a negar que las ingenierías siguen siendo consideradas “cosa de hombres”).

A lo que voy es que sí, como sociedad hemos madurado en cuanto al trato a la mujer, y lo agradezco mucho, pero aún nos falta un buen camino que recorrer.

Hace un par de semanas escuchaba a un amigo decirle incrédulo a una chica que hubiera sufrido de discriminación laboral por ser mujer, mientras ella le decía que no era algo raro y que lo había padecido “un chingo de veces”; no quise meterme en la conversación, pero inmediatamente pensé “yo también”.

¿Cómo puede ser esto posible? Yo tampoco tengo idea, pero por eso decidí contarles tres de mis historias…

Alguna vez fui a una entrevista laboral a una aseguradora, me atendió una chica de RR.HH. y al parecer todo iba excelente, tanto, que en ese momento me pasó con el Gerente de Marketing, quien sería mi jefe directo para que charláramos y se agilizara el proceso de reclutamiento. ¿Saben qué fue lo primero que dijo al verme entrar a su oficina? “Esperaba a un hombre” (en tono sorprendido). Acto seguido, toda la plática se tornó en pretextos por los que necesitaba un hombre como “Nos toca organizar eventos y terminamos muy tarde” ¿y? No soy cenicienta y no tengo carroza que se convierta en calabaza, no me va a pasar nada por hacer lo que quiero y salir uno que otro día más tarde de lo normal, por algo busqué esa “oportunidad”.

El punto es que después de varios comentarios machistas y una prueba, el señor no me llamó de nuevo, cosa que agradezco porque no se cómo hubiera sido lidiar todos los días con él. Destino o no, a la semana me ofrecieron trabajo en otro lugar, pero esa es otra historia.

Tiempo después me integré a una compañía muy «tradicional». Un lugar en el que -por lo que he visto- el 98% de los directivos son hombres, y solo el 2% mujeres… Y no creo que las cifras cambien pronto ¿Por qué? Porque no tienen esa apertura — ni cultura, creo yo-.

En una ocasión, me tocó llevar una reunión con 10 hombres (sí, los conté, ni una mujer), NADIE me saludó cuando entré a la sala de juntas, creo que pensaban que era la secretaria (y no es por demeritar su trabajo), no imaginan su cara de sorpresa cuando comencé a hablar. Claro que nadie se disculpó, pero al final todos se despidieron un tanto apenados (lo menos que podían hacer, ¿no?).

Hoy, durante otra reunión, fui hasta cierto punto ignorada gran parte del tiempo (al menos los primeros 45 minutos de la hora) parecía que yo no estaba en la junta, ya que cuando hablaban, jamás me volteaban a ver a mi. No se siente bien.

Suelo escuchar que es complicado tener empleadas mujeres, por aquello de las cuestiones hormonales pero ¡hola! ¿Nunca han tenido altas y bajas? ¿A poco nunca han estado de mal humor? Créanme, somos inteligentes y obvio por más cólicos que tengamos vamos a ir a las reuniones que tengamos y no nos vamos a poner a llorar con el cliente o proveedor, trabajo es trabajo y lo sabemos manejar.

Por si esto no les hace sentido, creo que la razón por la que estudiamos posgrados o postergamos la maternidad, es para demostrarles que podemos ser tan dedicadas al trabajo como ustedes, los hombres. Pero no se qué nos falta hacer para que lo comprendan…

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