Lunchtime

Era delgado y de estatura mediana, casi bajo. Llevaba más de dos años trabajando en la empresa y aún así nadie sabía nada de él ni había intercambiado más que las palabras necesarias para desempeñar sus labores sin contratiempo. Probablemente era el guardia de la entrada quien tenía más conocimiento de su voz pues a pesar de todo él era una persona bien educada y no le faltaban ni el buenos días ni el hasta luego.

Tampoco era que a alguien le preocupara demasiado el asunto de no conocerlo, y es que él no era una de esas personas misteriosas e interesantes que tienen la cara de andar en algo. La suya era más bien simple: clara con tendencia al rosa, geométrica pero suave, con facciones armónicas y bajo la luz correcta, con buenas intenciones, hasta podía decirse que era guapo; a menos que abriera la boca porque traía dentro un caos de dientes, alambres y ligas. Lo bueno es que casi nunca ocurría y esta era la razón principal por la que todos tenían más preguntas que respuestas acerca de su persona.

Ella era casi alta. Tendría a lo mucho un mes de haber sido contratada y a pesar de eso ya todos sabían su nombre. Era bonita, o no, más bien era guapa. A veces lo miraba a él y pensaba en la forma de hablarle por primera vez: aún no tenía idea de cómo sonaba su voz. Lo pensaba porque, afortunadamente, la iluminación cerca de su escritorio era bastante buena y, en general, ella era una persona con buenas intenciones así que para sus ojos se veía bien, lo calificaba como un 7.9 y era de los puntajes más altos que había asignado en la oficina.

Él sólo la había visto a los ojos un par de veces pero eso había bastado para hacerle concluir que ella estaba completamente fuera de su alcance y que sería mejor si mantenía la vista en el suelo la próxima vez.

Un día a la hora de la comida ella intentó preguntar sobre él a algunos de sus compañeros sin ningún resultado, todos estaban ocupados quejándose del olor extraño que siempre notaban en el comedor a la hora de la comida. Nunca habían encontrado de dónde salía pero los empleados que se sentaban hacia el ala izquierda del comedor decían que en esa zona era donde se sentía con más intensidad. A ella le pareció curioso que él, sentándose solo y notando esa molestia no se hubiera cambiado de lugar antes.

Pasaron muchos días y nadie volvió a tocar el tema. Ella, por su parte, pensaba casi siempre en eso cuando estaba comiendo, tal vez porque aún no se acostumbraba y porque siempre había pensado que tenía un olfato muy sensible. Seguía preguntándose si a él algo así no le molestaba porque cada que lo miraba al otro lado de la sala parecía tan tranquilo. Al verlo pensaba también cómo podría introducirse a él, ya no le gustaba tanto pero lograr sacarle unas palabras se estaba convirtiendo en una especie de reto personal.

Un par de semanas después ella lo encontró de frente mientras el firmaba su hora de llegada, se armó de valor y después de saludarlo hizo un par de comentarios acerca del estado del tráfico, también se atrevió a preguntarle, ya que él siempre traía audífonos puestos, qué era lo que más le gustaba escuchar. A partir de ese momento él pareció convertirse en otra persona, entusiasmado le hizo un recuento de sus bandas y discos favoritos. Descubrieron que coincidían en disfrutar casi lo mismo en cuestión de música y como ya debían comenzar a trabajar pero ambos deseaban seguir hablando quedaron en reanudar la conversación a la hora de la comida.

El resto de la mañana transcurrió sin sorpresas y mientras ella pedía su comida él la esperaba en la mesa de siempre, cuando ella caminó hacia él la siguieron varias miradas curiosas: él se había sentado solo cada día durante esos años.

Ella empezó a comer y le preguntó por qué él prefería traer su propia comida. Al principio pensó que estaba ignorando su pregunta o que quería cambiar el tema porque en lugar de responder le preguntó si había escuchado todos los discos de Dinosaur Jr.; ella comenzó a notar de nuevo el olor extraño y desagradable que inundaba cada día el comedor, le pareció de pronto que la peste surgía del recipiente que él estaba abriendo justo en ese momento. Sin quitarle la vista de encima ella le dijo que sí, que los había escuchado todos y que su favorito era uno que tenía una canción muy divertida sobre…

En ese momento comenzó a sentir arcadas y el olor se hizo mucho más penetrante, quiso salir corriendo ante lo que vio dentro del recipiente pero lo único que su cerebro atino a hacer fue tarear el estribillo de la canción de Dinosaur Jr. que había recordado hace un momento: Cats in a bowl…


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