The no-date

ilmary
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Nov 4 · 4 min read

Hoy un asteroide sigue su viaje a ninguna parte pasando cerca de la tierra. Me ha recordado a las gemínidas de mediados de Diciembre, a aquella estrella fugaz que vi desde mi bicicleta y a la que llamé Zora.

Son las 2 de la mañana y entre vuelta y vuelta intentando conciliar el sueño me pregunto cómo me gustaría que terminara la semana que viene. El panorama desolador con una vida social inexistente y una carrera en el atletismo iniciada 20 años tarde me hacen devolver la vista a ella, a Zora. La esperanza está perdida, ni siquiera responde a mis en apariencia inocentes mensajes.

Me imagino el sábado por la noche, los dos solos, tomando una copa de vino en el pollo interior de un salón todavía vacío. Imagino su sonrisa de nuevo, su calma, su manera de observar. Frente a nosotros la pista de hielo iluminada sobre el parque, creando un oasis de luz en la oscuridad del invierno en Copenhague. Creo en un cruce de miradas, en un silencio que no termina, creo en ella, creo en mi?

Esta vez, en vez de caer en la melancolía de lo que nunca será, me he propuesto un nuevo concepto de cita, lo llamaré no-date. No tengo copas, no tengo vino, ni siquiera muebles, mi ropa yace maloliente por toda la casa, mi nevera es un solar y el polvo es fiel aliado de mis calcetines. Vivo en el piso de soltero tipo.

Me propongo por tanto el preparar todo para la cita que nunca tendré.

Lunes

A las 7am han llegado a poner el Interné. El avispado del técnico, con acné y típica actitud danesa de todo lo hago perfecto, ha puesto la toma de la tele en una esquina y el router a 3 metros del enchufe más cercano. Bravo.

A la hora de salir hacia Ørestad en bici para entrenar se pone a llover como no he visto en la vida. Mis pantalones para la lluvia no han llegado porque nunca los compré, las mallas resultan no ser impermeables. 11 km después dos horas de entrenamiento. Los síndromes de hipotermia saliendo del Fotex conforman una experiencia inolvidable.

El día termina con toda la casa oliendo a bacon del enésimo intento fallido de pasta carbonara y la primera prueba del sofá: resultado aceptable.

Martes

Suena el despertador a la vez que la saltarina de arriba se activa. Tras 30 minutos jugando al Snoozing consigo salir de la madriguera. El tendón del primer metatarsiano del pie derecho cruje, buena señal. El pie izquierdo como una tabla. Fascitis plantar y tendinitis aquiliana me acechan.

Hoy han venido los compañeros de Bane (Rail) de Rambøll Noruega. Debía asistir a las presentaciones para hacer lo que ahora se llama Networking y antes vender la burra, en este caso concreto la burra del RAM. La barrera del idioma y el escaso interés mostrado me hacen refugiarme en los FTAs.

La clase de danés, como las últimas desde que se fue la principal motivación, lamentable. En el descanso hemos hablado de Askers y Guessers, bueno he hablado.

Lo más gratificante del día ha sido ayudar a comprende un texto de Ana María Matute a una estudiante danesa de 70 años mínimo. El texto no lo entendería la mayoría de gente que escribe en Twitter.

El plan para la no cita sigue viento en popa. No hay noticias de la gemínida, el volumen de polvo en el piso ha crecido un 5 %, la cantidad de ropa disponible roza el mínimo marginal del 20 y los de arriba… de los de arriba no hablo. Hay tres libros en la estantería y un cojín en el sofá. Sobre el escritorio una llave inglesa y unas alcayatas. El piso empieza a tomar aspecto de verdadero hogar.

Miércoles

“I kept on looking for a sign in the middle of the night”

La espalda y donde esta termina se resentían del asiento comprado en el mega pack de 600 kr. La ausencia de picores o insectos desconocidos me hacían confiar en la higiene del mismo…

La nube de depósitos acumulada entre las lentillas y mis ojos me impiden ver Medium con claridad esta noche. Es ya tarde, a parte de los deberes de danés he tenido que actualizar el CV para una posible oportunidad en Karlsruhe, sí Karlsruhe. No muy lejos de Mainz.

Volviendo al caso que nos ocupa, la gemínida. Creo que el tonteo con la nueva miembro del equipo, el quedar con una de Tinder para el domingo y que ahora sobre el escritorio haya, además de lo de ayer, unos calcetines, una taza con cucharilla pegada y una botella de agua que no era de agua, no ayuda al propósito. En mi defensa he de decir que al menos he puesto una lavadora: una camisa, un pantalón y el resto ropa de correr. Dios salve a los vaqueros.

Ella sigue sin dar noticias, mi cordura tampoco. Toca descansar.

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