#24A

México se ha posicionado como uno de los países con más feminicidios en el mundo. Se habla de acoso, se habla de mujeres desaparecidas y de mujeres atacadas sexualmente, se habla de mujeres golpeadas, muertas. Se habla y se vive. Las mujeres mexicanas nos hartamos y salimos a las calles a demostrar que no somos una, somos todas, que las estadísticas hablan; que ésto NO ES NORMAL.

24 de abril 2016. Había muchísima emoción y decidimos realizar juntas nuestros carteles al ritmo de cumbias. Se respiraba esperanza e ilusión. “L” ya tenía su frase: “Ni sumisa, ni obediente; ¡Soy libre, loca y valiente!”. Mientras perfeccionaba sus letras, comencé con el mío.

La frase llegó hacía muchos meses, me golpeó fuerte, me golpeó en el “vivo con miedo” y que vivir así, no es normal. Que todos los días voy con temor de algún tipo de acoso, todos los días de “no olvides el gas pimienta”, “no vayas muy descubierta”, “¿se me está arrimando o estoy paranoica?, mejor me muevo de lugar”. Todos los días salgo con una armadura, lista para actuar en caso de que a algún hombre se le ocurra hacerme/decirme algo. La frase era “De camino a casa quiero ser libre, no valiente”.

Nos dirigimos hacía el Monumento a la Revolución. Después de algunas vueltas, dimos con la ola violeta y los primeros carteles: “No es no”, “Mi cuerpo es mío”. Morado, violeta, lila. Había tantas mujeres como no he visto en mi vida, solas, acompañadas por sus familias, por sus amigas también violentadas, todas furiosas, todas sororas. Madres pidiendo justicia por sus hijas desaparecidas, hombres negando los privilegios que la sociedad les otorga, padres de la mano de sus hijas, parejas pidiendo igualdad de oportunidades.

Por primera vez anduve por las calles de la ciudad con escote y por primera vez me sentí libre, por primera vez pude decirle al mundo que sólo quiero llegar tranquila a casa; no enojada, no con ganas de partir madres, no asustada. Éramos miles pidiendo lo mismo. En unísono, en cada grito, hablábamos por las que ya no están, por las que fueron acalladas con la muerte.

Hoy estoy convencida que no estoy sola, que somos miles de hombres y mujeres unidos en la lucha diaria de defender nuestro derecho a vivir, que no nos van a callar, no nos van a acosar. Se lo debemos a nuestras pasadas y futuras mujeres, a las que junto conmigo, marchamos para exigir que cese esta violencia que nos está matando.

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