Nunca tenemos claro cuánto estamos perdiendo hasta que un día despertamos sin ello.

But I have infinite tenderness for you. I always will. My whole life, y ahí estaba Adele, descompuesta porque lo impensable se volvió realidad en los labios de Emma; una de las escenas finales de una de mis películas favoritas La Vie d’Adèle

Leí por ahí que no somos nada especial hasta que alguien nos descubre, y hoy lo creo.

Recordar es volver a vivir; escribir es volver una y otra vez. La capacidad de poder respirar a través de las palabras sin desarrollar branquias.

Después de ti encontré otra manera de seguir y fue escribiendo; no tenía idea del mar que llevaba dentro. Hoy a las olas les digo, aquí estoy. Escribir me permite quedarme en lugares donde no imaginé llegar. Y aquí estoy, uniendo lo que recuerdo de ti y poniendo a prueba mi capacidad de improvisación sin desvirtuarlo.

Fuimos todo eso que fuimos en su justa dimensión y por eso no me arrepiento. Somos la historia que a nadie vamos a contar. Las largas noches de hablar de todo y nada a la vez. Un día las recordarás y sabrás que las señales siempre estuvieron ahí. No hay una historia repitiéndose dos veces, aunque nos hayan convencido que es posible. Aprendí como transitar los laberintos de la mente y sus recuerdos. Me queda claro que nos empeñamos en construir historias cuando las más bonitas son las que empiezan con nosotros.

Estirar de más la cuerda sólo para escuchar el estruendo al romperse puede ser ensordecedor. Se requiere de total honestidad para reconocer que una historia terminó incluso antes que decidiéramos irnos. Lamentablemente, la manera en que entramos a la vida de alguien y cómo salimos termina resumiendo en la mayoría de los casos toda la historia, y me parece un tanto injusto. Venimos cargando tantos supuestos sobre el amor y el olvido, tantos dogmas que al final concluyo que tal vez en la lógica del amor, solo hay teoría. Para mí, las historias comienzan en el momento que dos deciden elegirse cada día, hasta que un día deciden también, ya no hacerlo. Las promesas nacen rotas, si quieres mantenerlas debes cumplirlas. Después de todo los desencuentros también son parte de la historia, el epílogo quizá.

Cuando queremos poco importa si vamos a campo traviesa o en caída libre. Llegar al punto de encontrar alguien que atraviese todas las capas bajo las que nos ocultamos, con quién compartir cosas que con nadie más y después separarte, es como tener que aprender un nuevo lenguaje para expresarte y no tener con quién practicarlo. El vacío, la sensación de minutos que caen, días que se alargan, sensaciones difusas o contenidas que por momentos nos desbordan. Nadie nos advierte que con el paso del tiempo las despedidas y las caídas duelen más.

Pienso en ti todo el tiempo, como quién suspira en el vacío y mi voz regresa entrecortada mientras sonrío por lo bajo. Te advierto como el sonido interminable de una llave goteando en mi cabeza. El silencio se convierte en ruido y de pronto todo parece hablar de ti. En días de duelo el aire huele a azufre y olvido. Desprendernos de una persona es desaprenderla. En Mujeres de ojos grandes Ángeles Mastretta dice que para olvidar es preciso contar la historia tantas veces como sea necesario sin reparar en los detalles hasta que un día ha perdido su efecto. Una vez que el polvo se asienta encontramos el impulso para seguir. Los seres humanos podemos ser irreemplazables, pero nunca indispensables. Las historias se transforman en otras y una nueva vuelve a empezar el día menos pensado.

Despertar de la pesadilla de romper un corazón, con las manos ensangrentadas y los restos de su piel en las uñas, es devastador.

Pronto llegará el olvido y no recordaremos estas palpitaciones sin tiempo.