Aires (Relato Corto) http://ift.tt/2jYnGGR

El aire de enero rodeaba cada silueta de la vida. Es increíble que todo recuerdo empiece con el aire del momento, su temperatura, aroma.

Soy la menor de 3 hermanas. En ese entonces no superaba los 15 y mi vida era un cúmulo de ideas nuevas, ambiciones, nostalgias; era adolescente.

Estábamos de visita en la parcela de mi tío paterno, Marcelo. Él, un hombre maduro, casado, con un hijo de mi misma edad. Vivían en las afueras Santiago, en una parcela alejada de todo el agobio urbano.

Mi hermana mayor no asistió ya que salió fuera del país junto a su hijo y actual pareja. Por ende, estábamos mis padres, mi hermana de 19 y yo, Fernanda; 15 años, estudiante de un liceo femenino reconocido de Santiago, amante de los animales, el nudismo , yoga y la literatura.

La primera noche que estuvimos, celebramos con una parrillada de cordero y mucha variedad de licores, cuyo efecto se hizo notar en los adultos cuando pasaron entre risas y llantos; anécdotas de infancia y resoluciones filosóficas a los problemas sociopolíticos actuales.

En un momento de la noche, a eso de las 2 de la madrugada, entré a la cocina a por un té verde para luego ir a dormir. Sin notarlo Marcelo, mi tío, me siguió.

El agua hervía, cuando escuché su voz de fondo

-Mi sobrina favorita, hermosa, maravillosa, tan linda mi cielo! –me abrazó por la espalda, rodeándome con sus brazos por el cuello- ¿cómo la está pasando mi feñita hermosa?

Con el corazón a saltos, empecé a reponerme del susto que me dio. Estaba acostumbrada a sus mimos bastante melosos — Bien, bien tío. Está todo delicioso pero, creo que prepararé un té y me iré a dormir. Ya sabes, debo guardar energías para los días que quedan — le decía mientras sentía su respiración sobre mi cabeza-

-Claro- se apegó más a mi- tienes que guardar energías para disfrutar.

-su cuerpo se apegó al mío con ahínco y empecé a sentirme incómoda

-Si….

si…-me movía de forma sutil para separarme un poco, pero no podía.

Sus manos se posaron en mi cintura y sentí un leve empujoncito en mi cola y ahí me separé completamente- eeeh si…tomó bastante parece –le sonreí nerviosa- bueh…yo…este, el té

-Si, claro — se llevó las manos a los bolsillos y me miró de pies a cabeza- estás muy grande feña, ya estás pareciendo una mujer completa — se acercó y me puso una mano en la mejilla- sobre todo en tus fotos de instagram –se mordió el labio- eres, guapa…debes tener muchos pretendientes ¿no? Corrí mi rostro hacia un costado y sentí como el rubor empezaba a nacer en mis mejillas — sssi…o sea, espera –me puse nerviosa- ¿cómo tienes mi insta? Hasta donde sé, no tengo nadie de ustedes –traté de llevar la conversación a otro lado mientras tragaba saliva.

Bueh, lo encontré –me sonríe- creo que volveré con tu papá. Ya se puso cariñoso con tu mamá y no quiero que se confunda con la Violeta (Violeta es su mujer, mi tía) y empiece… ya tu sabes –coloca sus manos delante de él y mueve sus caderas en gesto de sexo

-Heeeey!!! Oyeee no digas estupideces –me puse muy nerviosa y me dio demasiada vergüenza- ya nos vemos — salí rauda de la cocina cuando escucho que me llama de fondo

-Oye feña…tu té.

Lo olvidé.

Los días pasaron con normalidad pero mis pensamientos se mantenían en las caderas de mi tío tocando mi cola. Me mordía el labio y sin saberlo me mojé.

¿estaba excitada? ¿era curiosidad? No puede ser, es familia, es mi tío, está casado…ya, piensa en otra cosa.

La penúltima noche, me di un baño delicioso. Mis ideas estaban calmadas, sólo pensaba en mi vuelta a la realidad.

Eran las una de la madrugada, mi primo dormía , mis papás habían salido a un Pub (si, no pueden estar sin la maldita vida urbana) y de mi hermana no sabía.

Salí de la ducha solo tapada con la toalla. En una esquina de la habitación había un espejo de cuerpo completo; bordes calados a mano de color burdeo.

Esquinas angelicales delicadas a la vista y de fondo el reflejo de mi cuerpo desnudo. ¿Estaba pareciendo mujer?; mis pechos pequeños, que en su centro pezones rosados nacían en la blancura. Mis caderas eran notorias, aliadas dos piernas largas que encerraban entre ellas una vagina tierna de vello castaño claro.

Mis manos dibujaban en la silueta de aquella noche, el contorno de mi cuerpo quinceañero. Me miraba, me admiraba, me tocaba, me recorría, me reconocía.

-Eres preciosa –Una voz me sacó del trance e hizo que pegara un brinco del susto

-¡Puta madre y la mierda que me parió! –grité para girar la cabeza y ver a mi tío parado bajo el umbral de la puerta. Sólo dediqué esos segundos a coger la toalla y taparme — Sal!! ¿Qué te pasa que me espías? –mis ojos se llenaron de lágrimas de vergüenza-

-Oye oye oye feña calma- con sus manos hacía gesto de tranquilidad mientras ingresaba a mi habitación y cerraba la puerta tras de sí- tranquila amor, no te quería asustar…shh tranquilita — Sus brazos me rodearon por los hombros para llevarme hacia su pecho- ya relájate, no armes líos. No te quería asustar

Con mi cabeza en su pecho y mis manos sujetando la toalla — Pero, qué te pasa, ¿cómo entras así?

Es mi casa ¿no? –me sonríe- y sólo estaba de pasada y vi la luz encendida y bueh –comenzaba a acariciar mi mejilla, surcando un camino por mi cuello hasta el hombro- te ves hermosa bajo esta luz –posa su mano bajo mi mentón y me obliga a levantar mi cabeza para quedar con sus ojos clavados en los míos y comenzar a bailar en mi boca. Atónita a semejante situación quedó plasmada bajo la sombra de sus párpados mientras comienzo a sentir la tibia línea de sus labios juntándose con los míos. Ojos de sorpresa; respiración entrecortada; piel de gallina.

-Es…espe… entre besos intentaba detenerlo pero a su vez, algo en mí no quería

-Shh…-me besa- déjate llevar –con pasión empieza a masajear mi lengua con la suya. Sus manos descubren mi espalda a lo cual por instinto la encorvo. Gracias a este último movimiento, su mano empieza a bordear lo desconocido, bajando por mi espalda, muriendo en mis nalgas. Bajo la toalla.

Mi piel lo siente.

-Siéntate en el borde — se separa unos centímetros para guiarme por los hombros a una cama desordenada, llena de ropa multicolor y sueños propios de una vida maratónica.

Obedezco con tranquilidad. Aún sujetando la toalla para no perderla, me siento en el borde de la cama, mirando como se quita su playera, dejando a la vista un torso moreno, un torno de hombre cincuentañero, hermoso, sin miedos; un torso que se ve complementado con dos manos que desde la cintura retira un pantalón deportivo, dejando a la vista, a mi vista, un hombre desnudo, un poco gordo, un poco viejo, un poco menos familia, un poco más cercano, un hombre que me haría su mujer.

-Hermosa, abra la boca –lleva su dedo índice hacia mi boca, separando mis labios- ábrala, ábrala- al terminar la frase con su diestra toma su pene semi erecto: un pene algo venoso, lacio, cuyo glande aún estaba cubierto por piel, escondido, preparándose. Abro la boca, y veo como su cadera dirige la trayectoria de su pene hacia mi boca. Lentamente empieza a introducirlo.

Mi lengua lo prueba, mis labios lo rodean. Se hincha, se erecta.

-ooooh feña…-gime un poco al sentir la tibiez misteriosa de mi boca para luego mirarme- mírame preciosa –lo hago- mírame mientras te follo por la boca –posa sus manos a cada costado de mi cabeza y con su cadera, empieza con un vaivén lento el cual hace que su pene entre y salga de mi boca.

Me folla por la boca. Lo siento, lo veo, lo huelo, lo saboreo — Si, si…eso.

Así –me dice mientras sumisa del momento hago lo que me pide. Lo miro hacía arriba mientras veo sus gestos de satisfacción al follarme por la boca.

Me tira el cabello, me asfixia, me gusta.

-Si si si si si si –rápidamente siento su pene entrar y salir de mi boca, chocar con mi paladar, chocar con la garganta, provocarme arcadas, falta de aire- eres un angel –me dice para luego sin aviso, sacar su pene y con brusquedad abrir la toalla, dejar mi desnudez a la vista, a merced del aire nocturno, de la luz de cabecera , de el. Me empuja hacia la cama y así quedo acostada cautiva a sus deseos — o…oye, tío.

–balbuceo aún con la sensación de asfixia, el salado de su falo rondando mi boca, la saliva que me chorreó por el mentón.

Con rabia lujuriosa abre mis piernas, para mi sorpresa, se lanza sobre mi.

Apoya su brazo izquierdo al costado de mi cabeza y con la diestra toma su pene para ubicarlo a la entrada de mi humanidad, sin antes empaparlo con saliva y recorrer con el glande mis labios.

Me sonríe- eres hermosa, eres única, te deseaba –mientras me dice esto, llevo mis manos al pecho y siento que mi corazón saldrá por este y buscará una nueva cavidad para estar tranquilo sin la desesperación de la excitación.

En un momento sus labios forman una sonrisa maquiavélica y siento como su glande abre paso entre mis labios para dejar entrar su falo en mi, provocándome soltar un gemido que inundó la habitación –me duele…aaaaaaah tio tio, me …aah –le decía mientras sentía como cada centímetro fálico se introducía en mi ser, en mi cuerpo, en mi momento.

Su cara lo decía todo. Con parte de su pene llenándome, empieza a embestirme como si no existiera un mañana, provocándome dolor y placer.

Sus brazos me rodearon por los hombros; me aprisiona en el. Su cuerpo me aplasta a la cama y sus embestidas me hunden en esta.

-Si si si si, feña si, estás apretadisima…-me decía al oído mientras embestía sin piedad mis caderas. La cama chocaba con la pared al ritmo que sus caderas chocaban con las mías mientras mis piernas rodeaban su cintura y su boca intentaba llegar hasta mis pezones.

Gemía en su oído. Lo abracé, le presioné hacia mí. El embestia, el me embestia, el me ffollaba como animal: desesperado, ancioso, brutal.

Mi cuerpo desaparecía en el horizonte del colchón, hundiéndose bajo su cuerpo. Su pene entraba y salía de mi, lo podía sentir abriendo mi ser, descubriendo cada cavidad interna, mojándose conmigo.

Me toma entre sus brazos, me da vuelta, soy una muñeca a su disposición, no soy más que un trapo bajo sus brazos, para su fuerza.

Quedó boca abajo, mi pelo se enredaba entre sábanas, cojines, mi frente húmeda por sudor y mi boca húmeda por excitación.

Siento como posa todo su cuerpo sobre mi para luego introducir su pene lo más que puede.

Me embiste.

Me embiste.

Me embiste.

Gimo de placer. Toma mi cabello y lo enrolla en su puño. Me levanta la cabeza mientras más rápido me folla.

Gimo de placer al sentir su piel chocar contra la mía.

Gimo de placer, al sentir como mi cuerpo se dobla cuando tira de mi cabello.

Gimo de placer cuando me hundo en la cama con su fuerza.

Gimo de placer por él.

Gimo de placer cuando me dice que se está por ir, toma con más fuerza mi cabello, me aprisiona el cuello con su otra mano mientras sus embestidas son cada vez más fuertes y cortas. Me arde, me gusta.

Abro mi boca y suelto un largo gemido luego que me tira el cabello lo que más pude aguantar mientras mi interior era completamente llenado con su semen. Eyaculó dentro mío.

-Feña…feña…siiiiii –me gritaba al oído mientras me llenaba con su semen y convulsionaba por el abdomen mientras por nuestros contornos se escapaba ese líquido proveniente de su pasión.

No podía creerlo. Cerraba lo que más podía los ojos, mordía lo que más podía las sábanas, respiraba lo que más me permitía la excitación.

Allí estábamos, mi tío sobre mí. Mezclas de sudor. Mezclas de excitación.

Se separa dejándome totalmente rendida. Siento como se escapa el semen por entre mis piernas.

Eres igual a ella –le escuchó decir mientras recupero el aire- gimes igual que tu hermana ¿Mi hermana? –pensaba- ¿también mi hermana?

Por Shizu

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