Historias cotidianas

“Una noche de esas…”


Cuan bella será que cada bola de humo que de su boca sale estalla en colores, sea o no en verdad. La suavidad de sus labios me hacen suspirar y ante tan grata charla crece mi temor de pecar por sinceridad. Mis manos dudan, ansiosas por futuros lejanos. La avaricia es el vicio de nuestros días, si no lo ha sido siempre, y hoy me somete a aceptar tan solo unas pequeñas sonrisas. Y así divagando, el sol nos condenó por ser mortales. Vaya luna traicionera, si hacía un rato eran junto a ella las flores más bellas que esta tierra alguna vez dió. Aunque ella sobrevivirá a su desolación. Llegado el final, la soberbia es la que termina dando la estocada mayor. La naturaleza es indomable. Y como las olas, enfrentarlas puede ser letal. A veces debemos ser parte del río y dejarnos llevar.