Los diseñadores no saben diseñar

Cuando estamos enfermos, vamos al doctor esperando que nos recete algo para sentirnos mejor. Su trabajo es hacer una evaluación, diagnóstico y proponer un tratamiento. Como pacientes, no cuestionamos sus decisiones, porque confiamos en él. Nadie le dice a un doctor: “Esa enfermedad no me gusta, ¿me la podría cambiar por algo menos grave?” o “A mí me gusta el jarabe para la tos, ¿puedo tomármelo para la diarrea?”.

Ilustración por Max Vera

Suena estúpido, pero es algo a lo que los diseñadores nos enfrentamos todos los días. Parece algo normal de nuestra profesión, porque pues no somos médicos… ¿Cierto?

Lo “normal” es que los clientes digan: “ese azul no me gusta” o “quiero mi logo más grande” porque “el cliente siempre tiene la razón”. Después de todo, él es el del dinero. Pero no. No es normal.

El diseño es similar a la medicina. El cliente es el paciente que se acerca a un profesional con un síntoma-problema, y esta persona es responsable de ofrecerle un diagnóstico-solución.

Todos le echamos la culpa al cliente por la falta de educación, cultura o simple necedad. La realidad, queridos amigos diseñadores, es que la culpa es nuestra. Porque bien dice el dicho: “el cliente llega hasta donde el diseñador quiere”. Y por cómo hemos educado al mundo sobre nuestra profesión.

Durante nuestros estudios, nos impulsan a mejorar habilidades técnicas, realizar trazos perfectos y piezas impecables. En nuestros trabajos, el feedback de los jefes, generalmente diseñadores, es sobre cómo se ve el diseño.

Como diseñadores hemos aprendido que nuestra labor es mover pixeles y escoger colores. Somos nosotros quienes juzgamos el trabajo de los demás con base en su capacidad de ofrecer soluciones visuales con una ejecución excepcional.

Entre esta búsqueda de perfección, perdimos el foco sobre el objetivo primordial del diseño: mejorar la vida de las personas que están en contacto con nuestro trabajo.

Y, ¿cómo vamos a cumplir la función del diseño si los clientes no nos dejan? Convenciéndolos de que las decisiones que tomamos son las mejores para su negocio y su proyecto.

No se trata de seguir al pie de la letra los principios de diseño o guidelines. El buen diseño no es un logo bonito o una paleta de color impactante.

Un buen diseño no convence por sí solo, el diseño es una venta.

Si no sabes presentar tus ideas o dejas que alguien más lo haga por ti, llámese cuentas, creativo o tu jefe; si hablas en lenguaje técnico sobre tipografías, paleta de colores, etc.; si uno de tus argumentos es “porque esas son las mejores prácticas de diseño”, entonces tú no sabes diseñar. Sólo eres bueno siguiendo órdenes para ofrecer soluciones gráficas. Y eres parte de esos “diseñadores” que han estado maleducando a los clientes.

Para ofrecer una solución correcta, debemos realizar las preguntas adecuadas (y necesarias) para entender el problema. Analizar la información tantas veces sea necesario para ofrecer un diagnóstico y comunicar las decisiones de diseño de forma que el cliente pueda ver el valor e impacto que tendrá en su negocio.

Cuando un cliente se acerca a nosotros es porque tiene un problema y no tiene idea de cómo resolverlo. Es nuestra responsabilidad mantener su confianza en nosotros. Debemos hacerle sentir que está en buenas manos.