El arte de diluirme
Estrepitosamente caigo una y otra vez. Estrepitosa y silenciosamente, aunque cada vez con mayor elegancia. Caigo, y caigo, y vuelvo a caer en mi furtiva trampa.
Mis abrazos pretenden abarcar más de lo que puede alcanzar su perímetro. Tratan de crear, sin éxito, una circumferencia lo suficientemente amplia para acunarlo todo, pero sólo consiguen asfixiar aquello cuanto quieren proteger. No se debe ansiar el control sobre lo impropio.
Email me when laverdadquedigosinomiento publishes or recommends stories