El cuerpo de los aplausos

Dos viernes atrás estrenamos Los Monólogos de la Vagina.

Las hermosas y generosas actrices quisieron que Gaby yo saliéramos al escenario a compartir sus aplausos, pero no salimos. Siendo nosotras las productoras de la obra, y no habiendo aparecido antes en escena, creímos que no nos correspondía.

Pensé que ya era suficiente alegría para mi corazón que cada una de ellas hubiera terminado su texto recibiendo ese premio de la gente. Las dos manos de los casi seiscientos espectadores se golpearon entre sí emitiendo un sonido reconocible: clap.

Clap clap clap , repetido.

Interminable cadena de claps porque de verdad fue caluroso y perdimos la cuenta de cuantos eran.

Asumo que significa que las personas sentadas en la platea observando la obra se manifiestan conformes y aún más que eso y que lo expresan uniendo sus manos en ese extraño sonido que puede llegar, afortunada y paradójicamente, a ser ensordecedor.

Recuerdo a Yogi Bhajan diciendo que para lograr la atención de las demás personas necesariamente nos portamos bien o nos portamos mal, hacemos algo para que nos premien o hacemos algo para que nos castiguen. Y me pregunto si el aplauso es un premio.

Porque un premio bien podría ser ese chupetín que te regalaba el médico después de la revisión, o de darte una vacuna. O lo mismo si tus padres después de esas instancias no muy agradables te llevaban a tomar un helado. En mi memoria los premios siempre tienen que ver con la comida. Satisfacción del primer chakra, instinto de supervivencia, satisfacción primaria. Así como el castigo tenía que ver con la muerte, el aislamiento y la falta de amor: no hablarte más, encerrarte en tu cuarto, dejar de quererte. Suena terrible ahora y seguramente lo era entonces también, pero lo relativizamos porque necesitamos seguir adelante y habiendo aprendido como funciona la autoridad. Primero nuestros padres, luego el resto del mundo.

Más adelante las fronteras se van diluyendo. Ya no está tan clara la diferencia entre premios y castigos y bien uno podría confundirse con el otro. Tanto que esa confusión tan firmemente instalada en la mente, nos determina a esperar castigos cuando ni siquiera nos estamos portando mal, sino simplemente siendo quienes somos. Como Fabricio y yo sorprendidos por los aplausos que genuinamente esperamos al pensar en que Astromelia se subiera al escenario en esta obra que reivindica las vaginas. Y con barba y todo, ella fue premiada con una bandada de sinceros y conmovidos aplausos.

Tal vez los aplausos son bastante más que un premio. Aún más que el chupetín, por reconfortante que este sea.

Sabemos que son un signo simple de afiliación. Es cierto que se podría aplaudir irónicamente, pero el aplauso es básicamente el gesto clásico para manifestar adhesión, no sólo a los valores sino a las cosas que se dicen, al desarrollo de los acontecimientos, a una secuencia previamente presentada, etc. Algo más que un premio individual a una conducta específica.

Paolo Fabbri[1] cuenta que en Italia los viajeros aplauden cuando los aviones aterrizan. Nosotros sabemos que también pasa con los argentinos, comprensiblemente. Implica no sólo el reconocimiento de una conducta correcta sino además, una calificación. De ahí que existan aplausómetros en los programas de televisión.

Resulta evidente que los signos de consenso se infiltran en el comportamiento de la vida cotidiana, que se convierte ella misma en espectáculo y simulacro a través del vínculo social. Reforzamos ese vínculo cuando aplaudimos al unísono. Esta euforia del gesto de adhesión a los valores de los cuales no es necesario conocer su naturaleza, penetra en la vida cotidiana y crea lazos sociales.

Aristóteles decía que la palabra aplauso y la palabra plausibile tienen la misma raíz. Se aplaude aquello que es plausible.[2] Y es plausible aquello digno de aplauso. Tautológico pero ilustrativo.

Es claro entonces que el aplauso es un acuerdo, un lugar donde nos encontramos quienes pensamos lo mismo y entonces, es la manera en la que esas personas nos indican, estamos acá, sostenemos tu esfuerzo, somos parte de vos

Como decía Fany, yo soy tú, tú eres yo. [3]

Y al segundo en que lo comprendo, siento una necesidad intensa de no necesitar nunca ese sonido. Necesidad que podría ser también miedo. ¿Y si no fuera necesaria esa manifestación de aprobación que califica nuestro comportamiento? ¿Pienso en cómo sería todo en absoluto silencio? ¿Y si la devolución fueran simplemente rastros de lágrimas de emoción o esplendorosas sonrisas?.

¿Cómo sería si la retribución positiva fueran sólo miradas brillantes, emocionadas, cálidas, cómplices? ¿O abrazos apretados, llenos de energía, conteniendo el amor como a un suspiro interminable? ¿Cuál sería la forma adecuada para expresar esa sensación de haber encontrado algo parecido a una amiga o a un hogar, tan sencillo como propio.

Alguien una vez me contó que luego de que Federico García Lorca habia sido fusilado, La zapatera prodigiosa no se había presentado en los escenarios de su país, hasta que una compañía uruguaya lo llevó a Madrid. Al final de la obra no recibieron aplausos. El público se puso a patear el suelo, a toda furia; y los actores no entendían nada. China Zorrilla lo contó, dijo: Nos quedamos pasmados. Un desastre. Era para ponerse a llorar. Pero unos segundos después estallo la ovación, larga, agradecida.

Ahora recuerdo, nadie me lo contó, se lo leí a Eduardo Galeano en alguno de sus libros:

Quizás aquel primer aplauso con los pies, aquel trueno sobre la tierra, había sido para el autor. Para el autor, fusilado por rojo, por marica, por raro. Quizás había sido una manera de decirle: Para que sepas Federico, lo vivo que estás.”[4]

Mucho más que un premio. Una reivindicación otorgada con las manos y los pies en movimiento, una simbología de cómo el cuerpo humano se mueve y avanza.

Emociones que deben volverse sonido cuando somos tantos que no llegamos a vernos a los ojos y no nos alcanzaría el tiempo para abrazarnos todos.

Imagino que la sonoridad de nuestras manos humanas chocando entre sí enérgicamente una contra la otra simbolizan una mano propia y una mano ajena, uniéndose con fuerza, y luego con otra mano ajena, y luego con otra, para decirle a alguien que está lejos, como por ejemplo, arriba de un escenario, que todos ahí abajo, juntos y juntas, celebran tu regalo, lo agradecen, lo devuelven con amor en un única, poderosa y común vibración: clap elevado al infinito.

Que como sea, una mano contra la otra puede querer decir, mi cuerpo es uno con otro, es uno contigo, es uno con todo.


[1] https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=2ahUKEwiUyMDbpebcAhXBEJAKHf1GCZ0QFjAAegQIARAC&url=https%3A%2F%2Frevistas.ucm.es%2Findex.php%2FCIYC%2Farticle%2Fdownload%2FCIYC0404110137A%2F7314&usg=AOvVaw1FtEy-HnHOT0RRt7WLj-t1

[1] plausible

adjetivo

1. 1.

[acción] Que es digno de ser aplaudido o elogiado.

“ante una mala obra, el espectador puede adoptar diferentes actitudes igualmente plausibles”

2. 2.

[argumento, motivo] Que admite aprobación o justificación.

“ofreció una plausible explicación del hecho que motivaba su queja; este razonamiento, teóricamente plausible, se ve contradicho en la práctica por los resultados del estudio”

[1] “Desde las cavernas. Desde el propio útero de la tierra y del mío. Hasta hoy. Reclamo mi imagen y las de mis hijas. Para regenerarme y regenerarlos. A mis selvas, mis aguas, a mis bosques que son vuestros, a mis animales. Porque todo es uno y uno es todo.

Y todo lo que me hagan lo padecerán. Porque yo soy ustedes y ustedes son yo. Canten al amor y a la vida. No teman a la muerte porque volverán a mí. Así como salieron de mí. Una y otra vez renacerá la vida. Como siempre ha renacido el grano. Y siempre baja el agua de mis montañas.

No me envenenen porque son ustedes los que se envenenan

Abandonen la codicia de los hombres de a caballo. Dejen libre al caballo.

Y a la naturaleza no subyuguen. Porque no fueron creados por el cielo sino que salieron de la tierra y la tierra es el cielo.

Porque lo que a mí me hagan se lo hacen a ustedes.

Escuchen la palabra de la tierra infinita. Que es una con el cielo y las aguas subterráneas. Yo soy tú

Y tú eres yo. “

Fany Puyeski — Diario de una Diosa.

[1] http://juanserrateo.blogspot.es/1235329620/esos-aplausos-federico-garcia-lorca/