En la Ciudad Vieja hay una lluvia constante, pero no es del cielo, es de los aires acondicionados.

El viento que entra por la Puerta de la Ciudadela lo sacude todo, mientras camino y observo a las personas que trabajan, protegidas por sus aires acondicionados que llueven, aunque éste sea un invierno a puro sol.

Yo sé que a veces pensás que estoy complicando las cosas, y que podría ser más fácil, o menos compleja y no ir por la vida observándolo todo y pensando en tantas cosas.

Los dos sabemos que podría fácilmente ser otra persona, pero prefiero ser yo.

Prefiero ser yo.

Prefiero sentir frío adentro cuando hace frío afuera. Prefiero que sea siempre lo que tenga que ser.

Que llueva de verdad si tiene que llover.

Prefiero siempre responderte, cuando me preguntás.

Pero vos no te animás a preguntarme claramente y me pedís una señal.

Entonces debo decirte que esta es mi señal:

no quiero imaginarte más.

Me pedís una señal y me río, porque a mí me parece que he plantado carteles luminosos por toda la ciudad. Pero te la doy tranquila.

Es esto:

Ya no quiero imaginarte más.

Soy lo que quieras que sea con tal de que des un solo paso y vengas

Vengas a mi casa y me muerdas

Y estés adentro mío con sólo pensarlo

Y puedas decirme todas esas cosas que aún no me dijiste pero yo sé que pensás.

Esta es mi señal.

Si tiene que explotar el mundo, hagamos que explote.

Sabemos que no habrá consecuencias.

Si tiene que llover, que llueva

Dejémonos de cosas.

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