Me está empezando a pasar eso que siempre me pasa cuando miro mucho a alguien, y es que todos los hombres que veo se parecen a vos.

Empezó anoche mientras veía una película horrible sobre una cocinera de Los Ángeles, muy malhumorada, que se lastima una mano y como no puede trabajar se desquita con todo el mundo; y encima tiene la suerte de encontrarse con un ex novio que nunca pudo olvidarla y tienen sexo alucinante a espaldas del marido que construía casas, y era un buenazo y el marido eras vos. Ojo que el marido era mucho mas sexy que el amante peluquero, con el pelo con forma de merengue, collares de cuero y pulseritas de hilo, onda hippie chic.

Al final, obviamente la mina queda embarazada y no sabe de quien es, y como es rubia y esta buenísima la ponen a bañarse un montón de veces, resultando que podés verla muchas veces en pelotas pero ni una sola, sonreír.

Me dio fastidio y no la termine de ver.

Pero el marido se parecía a vos.

Y también se parecían a vos al menos dos tipos que viajaron conmigo a Buenos Aires, aunque eran unos rubios yanquis como en trip de pesca; y también otro que vi en la muestra de Sophie Calle, en el Centro Cultural Kirchner, que dicho sea de paso tiene más personas trabajando que todo nuestro MEC, y todos son jóvenes y entusiastas y usan remeras azules que dicen Kirchner en letras enormes y Centro Cultural abajo y mucho más chiquito.

Me enteré ahí que ese lugar era antes el Palacio del Correo, o similar.

Ahora lo están reformando y pusieron a la entrada unas gigantografías de personas, un ama de casa, un policía, un bombero, una enfermera , todos vestidos como en la década del cincuenta, impresos en blanco y negro y paraditos ahí en el medio de la gente. También hay paquetes de cartas y cosas en las barandas de los antiguos mostradores, como en la escenografía fantasmagórica de un peculiar, aunque merecido homenaje al personal y usuarios del correo postal, pero la verdad es que no lo sé. Creo que les salió un poco mal.

No así la muestra de Sophie (ahora que escuché 107 versiones/interpretaciones de su carta me considero con derecho a llamarla por su nombre), que es maravillosa. La recorrí al principio riéndome mucho primero con una comediante italiana, y con una cantante de fado enojada, diciendo que era imposible hacer un fado con esa carta porque no tiene ni poesía ni sentimientos.

Pero al rato, ya en la segunda sala, donde las versiones son un poco más complejas, básicamente porque no son performers, cantantes, actrices, o músicas, sino antropólogas, exégetas de la Torá, policías, siquiatras, una mina privada de libertad o una niña, y ahí, una rara vibración me fue tomando el cuerpo, y pasó lo que Sophie quería, la carta se fue volviendo mía, o más bien: el abandono de Sophie se me fue contagiando.

Y me puse a pensar como sería la carta que vos me escribirías si te fueras. Y si podría yo dársela a otras mujeres para que la interpretaran sin defenderte, porque siento que voy a quererte para siempre y que nunca podría someterte al juicio de las demás.

Olvidé decirte que también hay una seudo versión de hombres, que increíblemente está ubicada en un rincón oscuro y separado de la original, en un pasillo extraño en el que apenas se puede leer el texto curatorial pero hay fotos de los artistas involucrados, también en sombras. Desemboca en una pequeña sala con una pantalla en la que se proyectan vídeos con varios hombres, asumo destacados del campo del arte argentino, y todos los espectadores que me acompañaban cuando fui, eran hombres y adivina que? Había uno que era igualito a vos.

Tu carta para dejarme sería hermosa como todas las cosas que salen de vos, desde tu semen tibio y apenas salado, hasta su sonrisa que se lee más en los ojos que en los labios

Diría así:

Claudia, xq te gusta siempre decir mi nombre completo, como leíste en mi libro y sabes que a mi también me gusta.

Claudia, cuando decidimos estar juntos pusiste una única condición. En realidad pusiste muchas condiciones absurdas, como que nunca cocinaría con orégano porque es extremadamente peligroso, o que nunca tendríamos sexo con las medias puestas ni te llamaría por el nombre de mi madre sin querer y que siempre que no tuviera nada positivo para decir frente a la pregunta de: Cómo me queda esto?, contestaría únicamente con una sonrisa.

Pero pusiste una especial condición que siempre pensé que no tendría y eventualmente no podría respetar: “para decir adiós, sólo adiós”, dijiste. “Para decir: ya no quiero estar contigo, sólo: no te amo mas”.

“Sin explicaciones sin expansión. La mejor manera de irse es yéndose . Déjame sufrirte, imaginarte, repasarte, justificarte y finalmente, odiarte. Déjame odiarte para que eventualmente pueda darle a otro tu lugar”.

Supe entonces que a mayor cantidad de palabras, a mayor extensión de retórica usada por mí, en tu cabeza se leería como menor cantidad de respeto y amor de mi parte.

Me asustó pero no volví a pensar en eso hasta hoy.

Así que sólo diré que escribo mucho, no para justificarme sino porque me está costando irme.

Pero debo.

Porque ya no te amo.

Adiós.”

Terminé de escribir esto mientras el barco llegaba a Montevideo y las personas se apiñaban desesperadas, haciendo cola para bajarse cuando aún no se había detenido. Y tuve señal de wifi, finalmente, y pude revisar mis mails.

No había ninguno de tu parte. Sonreí.

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