Caso Nisman: la mirada de los escritores

La muerte del fiscal de la causa AMIA posee todos los elementos de un thriller moderno: una intriga internacional que llega hasta las más altas esferas de poder, una escena del crimen plagada de misterios y testimonios contradictorios (Reuters)

“Estaba solo, se sentía solo. Aquella madrugada miró por la ventana y sintió por primera vez que tener razón podía resultar peligroso, y más aun cuando esa verdad revelada estaba vinculada con el poder…”. Éste podría ser el comienzo de un relato ficcional sobre las últimas horas de Alberto Nisman. Sin embargo, leyendo la información reconstruida por los medios y la Justicia sobre la inquietante muerte del fiscal de la causa AMIA, todo indica que este fragmento contiene altas dosis de realidad, una realidad que en estas horas pareciera imitar a una novela policial con una trama conspirativa.

“Toda vida que termina supone una pérdida. Sea cual sea la persona. En el caso del fiscal Nisman, quien perdió fue la Justicia. Fue una voz que, por un motivo u otro, se acalló”, se lamenta el escritor y forense, Gaston Intelisano.

“La muerte del fiscal Nisman tiene una evidente gravedad institucional, y expone los límites y las limitaciones de nuestra democracia, jaqueada por poderes fácticos muy poco democráticos. En la medida en que estos salgan de su opacidad, nuestra democracia saldrá fortalecida” agrega Miguel Gaya autor de Una pequeña Conspiración.

Álvaro Abós, reconocido escritor de novelas como Restos humanos y La búsqueda del tesoro, sostiene: “Esta muerte plantea una pregunta candente: ¿en la Argentina de hoy el Estado garantiza la seguridad de los ciudadanos que disienten con el Gobierno o que lo acusan?.

Dudas, testimonios de custodios y funcionarios que se contradicen, espías, un periodista que da la primicia, exiliado, acusaciones de conspiración de parte del Gobierno hacia el periodismo. ¿Fue un suicidio? ¿Un suicidio inducido? ¿Un homicidio? “Creo que si describo lo que pasó con la custodia del fiscal Nisman en una novela, sería inverosímil. El lector no me lo creería” afirma Intelisano, autor de Error de cálculo, novela cuya trama versa sobre el caso de una familia que aparece asesinada en su propia casa.

Si el punto de partida para entrar en la literatura es abandonar por un instante la “realidad” para introducirse en un universo ficcional, donde las palabras construyen un relato posible pero no real, con la muerte del fiscal Nisman, este axioma parecería invertirse de cara a la realidad; allí donde lo real, una persona aparece muerta en el baño de su departamento y la funcionaria a cargo del caso plantea la hipótesis del “suicidio”, ofreciendo algo de certidumbre, la opinión pública, la calle, el ciudadano común desconfía de dicha afirmación. Basta mirar lo números que arrojó un informe publicado por Infobae donde se detalla que un 70% de la gente considera que Nisman fue víctima de un crimen.

Ahora bien, ¿cómo juega, entonces, en este contexto de confusión e intrigas el rol de los medios de comunicación? Según opina: “La muerte ocurre el día previo a declarar en el Congreso, donde iba a exponer todas las pruebas que él aseguraba tener en contra del actual Gobierno… Es decir, tiene todos los condimentos para que las coberturas mediáticas sean exhaustivas y permanentes”. Sancia Kawamichi, autor de Hotaru, dice: “No puedo ser objetivo en este punto. Me siento cerca de este Gobierno y de los medios que apoyan la gestión de Cristina Y las maneras en que los medios y los políticos opositores manejaron el tema no hicieron que mi apoyo al kirchnerismo sufriera alguna modificación”.

Más allá de los puntos de vista, lo cierto es que las sospechas aún están presentes en la sociedad; a la fecha no hay certidumbres sobre los que verdaderamente sucedió con el fiscal Nisman. De todas formas, Kawamichi, prefiere ser cauto y agrega: “Creo que muchas de la hipótesis que se manejan por ahí son, en realidad, expresiones de deseo. Y yo no quiero caer en eso”.

Alejandro Parisi, otro destacado escritor argentino, rescata una frase de un personaje de su última novela, “Con la sangre en el ojo”, para referirse al caso: En este país, los finales felices no existen.

“Cuando escucho que alguien dice la sociedad argentina no se merece esto, discrepo totalmente. Lo merecemos, formamos una sociedad totalmente corrompida que siempre necesita falsos culpables que les permita saldar las deudas sin tener que pagarlas”.

“Creo que al igual que en el caso de la muerte del presidente John F. Kennedy, habría que hacerse las mismas tres preguntas: ¿ A quién beneficia esta muerte? ¿Quién tiene el poder para llevarlo a cabo? y…¿Quién puede encubrirlo?, plantea Intelisano desde una mirada clásica de autor de policiales, buscando sistematizar la información, abriendo interrogantes, deconstruyendo el relato, como si esta historia fuera parte de una novela en desarrollo. “Leer una novela negra o ver un film noir es un deleite artístico, y a veces una manera de comprender la historia. Pero vivir dentro de una novela negra es un infierno”, concluye Abós.