Esa noche… llegué a donde tenía que llegar sabía que estabas solo, hace 5 días que no te veía. Ni te sentía.

Entré después de ti, la puerta estaba abierta de par en par… como esperándome, ¿y tu? Sí, tú estabas ahí.

Al percatarte que yo estaba ahí viéndote, te envolviste en miradas cristalinas, como olvidar ese gesto, tus ojos verdes brillaban en la oscuridad de la habitación… nos abrazamos y me dijiste… Esperaba este momento.

Estabas fresco, empapado de pequeñas partículas de deseo que mojaban tu cuerpo… me senté en la cama y como si nada comenzamos a platicar entre miradas y besos.

Comencé a ver tu cuerpo que tanto me gusta, tu miembro estaba bien erecto… se dejaba entrever por un borde de la gruesa tela de pantalón… Me recosté en la cama y te sentaste a lado mío… me empezaste a besar… primero en la boca, después en el cuello, mientras me quitabas la blusa… y desabrochabas el alma, bajaste y te detuviste unos minutos…

Pensé, algo te estorba… y te despojé de lo poco que te cubría mientras tu seguías besándome y acariciándome, después me desabrochaste el pantalón y lo “arrancaste”… me mirabas con lujuria como si fueras un animal en celo reclamando a su hembra, a su chica… colocaste tus emociones entre mis piernas, te podía entender, besaste mi dorso, mi ombligo… me retiraste por completo el corazón, nos conectamos, introduciste tu nariz… queriendo abrir camino, moviste tu lengua en círculos bebiéndote todo mi ser… yo tenía mi mente en blanco y sólo gemía…

Entonces tocaste y besaste mis piernas desenfrenadamente y te colocaste en el centro. Empujaste despacio para meterte y de pronto ya estabas adentro… empujabas una y otra vez… entrabas y salías de mi… yo me quería soltar pero tu no me dejaste, me sostuviste fuerte de las muñecas y no me dejaste escapar…

Murmuraste “eres mía, eres mi chica” y me encantó… ¡Como te extrañé… como te deseaba! Te movías como nunca, hasta que por fin en un grito de pasión nos vaciamos por completo… te dejaste caer encima de mi pecho, mientras yo te acariciaba y te besaba el cuello. Recuerdo aún la luz tenue de la habitación, las sábanas se mezclaban entre nuestros cuerpos cansados, todavía estabas dentro de mi y te protegía con mi cuerpo…

Como te puedo explicar que día y noche aquí en estas y que no quiero dejar ni una parte de ti en mí.. sin mi.

Hoy te siento menos mío, más mío que ayer y me vacías por completo de amor, pasión, ternura y lujuria.

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