Historias de lapicero.

En diversas ocasiones, me sentaré a escuchar a hablar de esos maravillosos momentos.

Hace 11 años, retrocediendo unos cuantos años, el preguntarme, ¿sirve este lapicero?

Escribir, para qué. Es un desahogo mental.

Ramón Montaño, un día estando con la familia, yo era muy pequeña, aún no sabía cosas de la vida, pero de algo estaba segura. No, no quería que ese día se fuera de la casa, no podía verlo marchar, sentía un gran nudo en la garganta, bastante feo.

Diciéndole que lo quería mucho, lo intente abrazar, una personita de 1 metro y 20 centímetros.
 ¿Cómo podía detenerlo?
Él sólo se agacho y me abrazo muy fuerte diciéndome que todo estaría bien, que nos veíamos al día siguiente.

Y NO FUE ASÍ.

FOTOGRAFÍA ANÓNIMA.

Todo cambio, todo está en constante cambio; baje, mi abuelo, estaba un poco distraído, sin sentido de la vida, yo, comencé a sentir poco a poco eso, esa energía que se transformaba desde su cuerpo al mío.

Supe de inmediato que algo no andaba bien y pregunté “¿Y mi tío?”. 
Mi abuelo sólo me dijo “estará bien, espero”.

Yo era demasiado pequeña para comprender cosas, no sabía exactamente qué estaba pasando pero mi subconsciente lo entendía a la perfección.

Y efectivamente un 11 de julio mi tío falleció, yo no sabía por qué lloraban todos, él siempre estuvo conmigo, aún jugaba con él y lo veía en mis sueños.

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