Gas Pimienta

Ingrid M.
Ingrid M.
Sep 6, 2018 · 1 min read

Me traslado horizontalmente a través de todas mis posibilidades. Hago un corte diagonal en el tiempo y divido la eternidad en dos desde donde estoy sentada, aquí, en el pre-lugar de esta sala de espera. Observo.

La necesidad que se me ha presentado de comprar gas pimienta.

Así es, estoy en el mercado, single and ready to mingle, buscando el indicado: el gas pimienta que se adapte a mis necesidades, que me sostenga la mano mientras caminamos juntos de regreso a casa después del anochecer.

A mi alrededor hay pósters de gente sonriendo y no recuerdo la última vez que vine al dentista. Pero vivo en una peor parte de la ciudad y debo cuidar de mis durezas, como los dientes, quién sabe cuándo los vaya a necesitar.

Porque ahora sigo la misión auto-impuesta de convertirme en un arma, al principio blanca, luego de otro color. Cuido mi cuerpo como un perro de raza: he dejado de ingerir aceite, sodio y azúcar refinada. He dejado de disfrutar la comida. He empezado a hacer ejercicio todos los días sin falta. Tomo vitaminas. Proteínas. Suplementos. Sólo existir me produce sudor. Quiero ser doscientos kilos de puro músculo. Mis manos tan grandes que les quepa todo, todo mío. Quiero que toques mis asperezas y llores. Que me anticipes a diez metros de distancia. Quiero que digan.

Ella aprendió algo en sus años aquí en la Tierra. Aunque fuera tan sólo la disciplina de la autopreservación, famoso subproducto de la soledad.