Viajar y los viajeros
¡Viajar! Esa es la respuesta que cada vez escuchamos más cuando se pregunta ¿qué harías si tuvieras mucho dinero? o ¿qué es lo que más te gusta hacer? De repente las redes sociales están llenas de publicaciones de viajeros empedernidos o viajeros soñadores que tienen más deseos que kilómetros recorridos.
Por supuesto que viajar es una actividad en la que se puede encontrar deleite y diversión. Pero un viajero y un turista son sujetos diferentes. Viajar es diferente a turistear (si la RAE me permite usar ese verbo).
Viajar es más que el simple desplazamiento de un lugar a otro, también es diferente al cruzar fronteras o a la acumulación de sellos en el pasaporte (que por cierto no serán tantos si se viaja dentro del continente europeo). Viajar implica una apertura de mente y de espíritu, no para ser un mero receptáculo de todo lo nuevo; a menos que seamos sacos vacíos, eso no es posible. Una apertura para aprender lo bueno y de lo malo. Una apertura para apreciar la diferencia y disfrutar la diversidad.
Viajar tampoco es moverse de un lugar a otro recolectando tantas fotos como sean posibles. Sin duda las fotos son un instrumento poderoso para la colección de recuerdos, esos que son los verdaderos souvenirs, pero ellas no capturan el espíritu del momento, el alma de la gente ni la magia del lugar.
Si no tenemos esa apertura de mente, de corazón y espíritu, seremos simples turistas.
Como aquél con el que me topé en un museo d’Orsay. Estaba super equipado, llevaba una cámara digna de más que un aficionado a la fotografía y estaba dotado de zapatos y ropa cómoda para recorrer cada recobeco del museo. Lo que me llamó la atención de él es que llegaba a cada cuadro o escultura y realizaba el mismo ritual: una foto con su cámara pro y otra con el celular, acto seguido pasaba al cuadro de al lado. La sorpresa fue más cuando vi que él no era el único que repetía el mismo ritual. Ya fuera solo con el celular o con la cámara, la operación se repetía incensablemente.
No sé ustedes pero yo que no sé de arte y necesito tiempo para conectarme con una obra, y cuando lo logro necesito tomar nota de su título y del nombre del artista (por nota entiéndase foto con el celular), de lo contrario luego solo seré capaz de describirlo y Google aún es muy limitado buscando obras de arte a partir de descripciones.
Aquellos, eras simples turistas. Parecían autómatas que habían salido de su país a recoger evidencias de la existencia de un mundo distinto pero no estaban dispuestos a conocerlo, ni a apreciarlo.
Se puede viajar dentro de nuestra misma ciudad, estoy convencida que sí. Cuando salimos de casa empezamos un viaje, aunque nuestro destino sea siempre el mismo cada viaje puede ser completamente distinto si mantenemos una apertura y agudizamos nuestra capacidad de observación.
Nadie encuentra lo que no busca. De igual forma nadie ve lo que no quiere. En nuestro trayecto al lugar de trabajo o de estudio podemos ser viajeros, tal vez no sea suficiente para llenar nuestros perfiles y cuentas con asombrosas fotos, pero sí nuestra memoria con recuerdos y anécdotas, historias qué contar.
Así que no hay que frustarse por no cruzar fronteras pero sí debemos preocuparnos estar presente en cada desplazamiento que hacemos.
Yo sé que últimamente muchos dicen que viajar es fácil, que todos pueden visitar países nuevos, que el problema no es de falta de dinero sino de falta de ganas. Pero la verdad es que viajar no es fácil ni gratis. Es cierto que se puede viajar a bajo costo económico e incluso (muy excepcional) sin gastar dinero, pero siempre habrá un precio.
Viajar cuesta, cuesta tiempo y comodidad, cuesta momentos con los que más queremos. No estoy diciendo que sea un desperdicio, para nada, puede ser una inversión (a menos que seamos turistas), pero toda inversión tiene un costo.
Entonces, no nos dejemos llevar por la corriente y generalizaciones que terminan por crear cargas innecesarias sobre nosotros. El que tenga la oportunidad que la tome y la aproveche, el que no la tiene pero la quiere que la busque consciente del costo que trae consigo, pero el que no, no tiene por qué frustrarse.
