
Serge Benhayon: una inspiración en mi vida.
A mis 44 años, en el año 2006, fui acusada públicamente en TV y prensa, junto a seis personas más de formar parte de una secta destructiva y peligrosa. Una de estas personas era la supuesta líder de la secta.
Pasaron seis años hasta que se convocó el juicio. Nueve meses después salió la sentencia que declaraba la inocencia de todos.
Días antes del juicio, una de las personas denunciadas fue a Inglaterra a conocer a Serge Benhayon y realizar unos talleres con él. A su vuelta la recogí del aeropuerto. Compartió generosamente conmigo lo que había vivido y aunque aparentemente era una revolución, dejó en mí una limpieza y claridad que me permitió ir al juicio centrada, apoyada sólo en mi responsabilidad por todo lo que había elegido hasta ese momento, pero liberada del peso de tener que defender cada una de las terapias o meditaciones que había practicado.
Fui consciente de que lo que estaba en juego no era la efectividad de estas prácticas sino la necesidad de deshacer el entramado de falsas acusaciones que se había tejido alrededor de nosotros, que incluso podía llevarnos, a mi pareja y a mí, a perder la custodia de nuestro hijo de 8 años.
Cuando finalmente nos dieron la sentencia absolutoria, algo en mí se quedó congelado para no sentir las secuelas que esta experiencia me había dejado. Un frío y un escepticismo que me protegían de sentir la tristeza, el dolor, la desconfianza en el ser humano.
Fue en esta época de mi vida cuando conocí a Serge y desde entonces he asistido con regularidad a sus cursos y talleres.
La sencillez y transparencia con la que se expresa hace que no haya ningún filtro que impida que su mensaje llegue claro y preciso. Es un hombre sabio y como tal no se apropia de lo que comparte, sino que es una inspiración permanente de que es posible tener una vida armónica e íntegra, sin recovecos ni separación entre lo que decimos y lo que hacemos.
Escucharle reaviva una sabiduría latente en mí que me impulsa a observar con honestidad mi vida, cómo me muevo, cómo me relaciono conmigo, con mi cuerpo, con los demás, con el trabajo,… Y aunque parezca una paradoja mientras más lo hago más se simplifica, aligera y ordena mi vida.
Una de las claves más valiosas que he recibido de Serge es que sólo hay dos fuentes de energía de las que nos podemos abastecer.
Una es la Unidad, la conexión íntima con nuestra esencia divina y por tanto con sus atributos: amor, verdad, armonía, quietud, alegría.
La otra adultera cada uno de estos atributos, separa, complica, creando el espejismo de que es posible amar a unos y odiar a otros, amar y mentir al mismo tiempo, amar sin amarnos, amar teniendo una vida seria y apesadumbrada, el espejismo de que la verdad es divisible en verdades individuales, de que una supuesta verdad nos autoriza a crear desarmonía e incluso guerras.
Es primordial por tanto, poner atención en qué energía elijo momento a momento, pues lo que acontezca después será la consecuencia de esta elección.
Mientras más afinado esté el receptor (nuestro cuerpo) más rápido y sencillo será identificar con qué fuente nos hemos alineado. Pero si vivimos a merced del ‘sube y baja’ de las emociones, sin un espacio de quietud interna desde el cual recobrar nuestra capacidad innata de discernimiento, acabaremos ingiriendo alimentos o substancias que abotargan, adormecen o sobreestimulan al cuerpo, perdiendo éste su sutileza para poder detectar con precisión cuál es la cualidad de la energía que estamos eligiendo.
Los tratamientos en camilla de las modalidades que Serge presenta, son un puente para intimar con nuestro cuerpo, para recuperar su delicadeza y sensibilidad exquisita, para restaurar su armonía natural.
Es precioso sentir el cuerpo desde dentro, cómo está divinamente orquestada la relación entre cada órgano, cada tejido,…, cómo cada parte afecta al todo. Es conmovedor sentir a su vez cómo el universo está también divinamente orquestado, sentir que no hay separación entre el microcosmos y el macrocosmos.
La belleza de lo que Serge presenta reside en que, independientemente del tema que trate (relaciones, cuerpo, constelaciones, números,…), a medida que va hablando repara y une.
Su palabra está avalada por una verdad energética que resuena y opera dentro de mí. Si tuviera que resumir lo que han sido estos años desde que conocí a Serge, diría que he estado en un Taller de Restauración. Cuanto más unida me siento, más libre estoy del pasado y más puedo aprender de él.
Poco a poco se ha ido produciendo el deshielo en mí. Agradezco a Victoria que hiciera de puente para que los que habíamos compartido ‘nuestra historia común con la justicia’ conociéramos a Serge. Aprecio la disposición de cada uno a saber más de sí mismo, a sanarse, a rectificar, a depurar la relación que había entre nosotros. Todos hemos salido renovados y enriquecidos de esta vivencia, con una percepción mucho más afinada para poder distinguir la cualidad de la energía, sin dejarnos confundir por la forma.
No hay nada espectacular en la forma de Serge, nada que según los cánones del mundo pudiera ser remarcable. Sin embargo son muchas las personas que acudimos a sus convocatorias en Inglaterra, Vietnam o Australia, desde diferentes puntos del planeta. Lo que presenta no lo puedes abordar intelectualmente, ni encasillar. Resuena en el cuerpo, es una visión esférica de la existencia. Cuando me abro a ella siento espacio, expansión y claridad.
Es como si simbólicamente dejara de sostener la visión empecinada y miope de que la Tierra es plana y el Sol gira a su alrededor.
Galileo fue condenado por la Inquisición por apoyar y probar la teoría heliocéntrica de Copérnico. La teoría geocéntrica parece ya obsoleta y superada pero dista muy poco del egocentrismo que reina en la actualidad.
Hoy contamos con nuevos instrumentos de tortura: el ciberacoso en las redes sociales, junto con el abuso y la manipulación de aquellos medios de comunicación que condenan con impunidad sin comprobar la veracidad de los hechos.
En los últimos años Serge Benhayon y su familia han sido difamados por personas sin escrúpulos que mienten, tergiversan, acusan,.. aprovechándose del ‘vacío legal’ que hoy por hoy existe en Internet.
Observar esta realidad, sin dejarme arrasar por ella ni contraerme, es mi punto de partida. Desde ahí, mi responsabilidad es asumir en cada momento el poder y la dignidad que me confiere ser fiel a la verdad del corazón y expresarla.