Mi piel sólo necesita amor

Con 17 años me diagnosticaron dermatitis típica atópica crónica. Mi piel presentaba unas erupciones escamosas que me producían picor en distintas partes del cuerpo como la cara, el cuello, la cintura, los codos, la parte trasera de las rodillas, el pecho y las manos. Visité varios médicos los cuales me hicieron pruebas de alergia y valoraron diferentes posibilidades. Aunque que no tenían muy clara la causa me sugirieron diferentes tratamientos que fui probando durante tres años. Eran tratamientos muy agresivos “gracias” a los cuales los síntomas desaparecían, pero con el tiempo volvían a emerger.

Sentía mi piel hirviendo. Tener estas escamas en mi cuerpo era muy incómodo. Estaba desesperada ante la realidad que se me presentaba. Tenía un problema de piel que ningún médico hasta la fecha había podido resolver de una manera realmente efectiva. A pesar de lo insegura y triste que estaba ni me planteaba expresarlo. Por el contrario, elegí ocultarlo sin saber el daño tan profundo que me estaba haciendo con ello.

Con los años dejé de sufrir estas erupciones en la piel tan fuertes, sin embargo nunca terminaban de irse del todo. A este problema no resuelto lo acompañaba un acné que empezaba a hacerse cada vez más visible. Me sentía cansada y sin saber cómo manejar los diferentes problemas que mi piel presentaba.

Desde este momento presente veo mi falta de atención al cuidado de mi cuerpo en aquellos años y cómo mi piel me estaba reflejando el modo en que había elegido vivir.

Mientras mi piel hervía de dolor yo elegía beber alcohol y salir hasta la madrugada. Mientras mi interior gritaba de tristeza yo elegía hacer vida social, adaptarme a todo lo que se esperaba de mí, dejando de lado mi cuerpo y cómo se sentía. Ni siquiera me planteaba que pudiera haber otra manera de tratarle.

Pasaron los años y seguí eligiendo un estilo de vida que, sin saberlo, me estaba destruyendo. Hasta que un día tuve mi primer ataque de ansiedad. No entendía bien qué estaba pasando, simplemente no podía estar sentada mucho tiempo. Tenía una presión en el pecho que me impedía respirar bien.
Este episodio se repitió varias veces durante meses hasta que empecé a no poder dormir. Me sentía agotada, después de noches y noches sin apenas dormir caminaba por la casa como si estuviera muerta, alimentándome de lo primero que encontraba en la nevera…Con 25 años quise morirme. Entonces me di cuenta que necesitaba un cambio importante en mi vida.

Al sentir con esta crudeza la realidad que se presentaba ante mí decidí empezar a cuestionarme las elecciones que estaba haciendo. Al ser honesta pude abrirme a reconocer que a lo largo de mi día habían muchas cosas que no me apoyaban. Gracias a eso pude empezar a hacer cambios.

Viajé a Inglaterra por primera vez para hacer un curso llamado Livingness. En uno de los descansos, una mujer al ver el estado de mi piel me dijo “Tu piel expresa lo que tu no te permites”. Sus palabras me hicieron parar en seco y resonaron fuerte dentro de mí como una verdad. Me di cuenta que no estaba siendo totalmente sincera ni conmigo misma ni con los demás al elegir tapar lo que sentía. Que el hecho de reprimir mi expresión mi cuerpo lo sufría y mi piel lo expresaba.

Me sugirió que dejar el alcohol, el gluten, los lácteos y acostarme temprano podían apoyarme mucho en la limpieza de mi piel. Después de años de tratamientos sin resultado no lo podía creer del todo, pero quise intentarlo de todos modos.

Si mi vida no había ido muy bien hasta entonces, si mi piel estaba sufriendo, si en verdad no me sentía feliz…¿por qué no probar otra manera de vivir?

Traer hábitos saludables a mi vida ha sido uno de los mayores regalos que he podido dar a mi piel. He dejado de juzgarla por sus imperfecciones y le dedico el tiempo y la atención que necesita. La hidrato poniéndole la crema con mucha delicadeza, apoyo su regeneración yéndome a dormir temprano, la nutro con alimentos sanos y la mantengo libre de sustancias tóxicas.

Mi piel está agradecida por los cambios que he hecho.

Después de 3 meses llevando una dieta libre de alcohol, gluten, azúcar y lácteos, la dermatitis y el acné han desaparecido.

Hoy se muestra sana, luminosa y con vida. Ha sido paciente y generosa al mostrarme de una manera tan evidente que solo necesita amor.

Gracias a sus mensajes y a mi escucha he podido rectificar. Hacer esta elección consciente me ha llevado a la responsabilidad sobre mi cuerpo, a reconocer que es un emisor y receptor constante de señales que necesito escuchar si quiero vivir con alegría disfrutando de una verdadera salud y bienestar.

Enlaces relacionados:

Recetas sin gluten: