UNA FERIA, MIL HISTORIAS

Inés Tarlovsky
Jul 10, 2017 · 4 min read

Dentro de San Telmo no solo hay años de historias en las calles y en las casas. También existen historias vivas que conviven y dan valor a este fenómeno.

Esquina Humberto I y Defensa, San Telmo. Foto: Inés Tarlovsky

No hay día más polémico que un Domingo y no hay ciudad más nostálgica que Buenos Aires. Si sumamos estos dos factores podríamos decir que el resultado sería una foto de la esquina de Defensa y Humberto I en el barrio de San Telmo.

Infinidad de vendedores despliegan sus artículos, su arte y sus trabajos en pequeños puestos de hierro, telas, maderas y cartones, todos los domingos hace más de 40 años. Miles de extranjeros de todo el mundo tienen esta feria como punto inamovible de su tour por buenos aires y no es para menos.

Es difícil avanzar en esas calles de empedrado por la velocidad en la que camina la gente y por el poco espacio que queda entre las veredas angostas y los puestos sobre la calle. Mientras el rayo del sol quema bastante, los trabajadores no borran nunca su sonrisa y un tango tocado por un grupo de jóvenes se escucha de fondo.

La Plaza Dorrego, Feria oficial.

Basta subir dos escalones para acceder a la Plaza Dorrego, una media manzana ubicada sobre Defensa y Humberto I, rodeada de lo que fueron las cocheras de Rosas y la galería de French y Beruti. Aquí, la historia viva de Buenos Aires.

En unos minutos de recorrido, entre vajillas, cueros, libros, títeres e imanes, uno se puede encontrar a gente como Sergio Bellini, un vendedor de antigüedades de todo tipo. Él es dueño del puesto oficial N°199 desde hace 17 años. “desde los comienzos de la feria, para tener tu puesto acá, tenes que salir en el sorteo que hace el Museo de la Ciudad” cuenta, mientras explica que la feria legal es únicamente la que está sobre la plaza Dorrego. “Todos los demás son puestos ilegales sin permisos”

Claudio Navarro, del puesto de al lado, no tarda en sumarse a la charla. De los cuarenta y siete años que tiene la feria, él está hace treinta trabajando ahí. Nos aclara que al principio no quería que se pongan los puesteros ilegales en la calle, hasta que entendió que son trabajadores, al igual que él. “¿Vas a echar a un laburante? No. Mira hoy, las 15 cuadras que ves de feriantes es todo de los no oficiales” dice, pero mientras acomoda unas cucharas talladas de plata, con un tono tan nostálgico como el mismo barrio, afirma que es el peor momento de la feria “nunca hemos vendido tan poco como en este año”

Los principios del Tango en la feria.

Este barrio es pura historia, y la Plaza de Dorrego es un ícono indiscutible, fundada por el Arquitecto, y ex director del Museo, José María Peña, quien después de ver el éxito de la primera instancia, con tan solo 30 puestos, decidió hacer un plano con divisiones y una reglamentación. Fue él también quien hace 30 años llevó a Pedro “el indio” Benavente para que represente algo tan nuestro como el Tango dentro de la feria.

Ese apodo no es al azar. Pedro es un hombre alto, morocho y robusto, de pelo largo ondulado atado con una colita. Está vestido con una camisa negra y un jean y es, ni más ni menos, que el encargado del espectáculo de tango.

“El Arquitecto Peña me ofreció este espacio porque los artistas querían estar presentes. Dije bueno, hagamos el patio de tango de la feria de San Telmo y fundamos con él esto, que es como un anfiteatro y que se hizo un clásico en el tiempo” cuenta.

¿Cómo los artistas no van a elegir este lugar para realizar su trabajo?

Pedro lo definió perfecto “Yo trabajaba como profesional en el Ballet Brandsen, trabajé con el maestro Santiago Ayala “Chucaro”, viví profesionalmente del baile, pero me enamore de la feria de San Telmo. Soy un fanático de la feria. Elijo esto por sobre cualquier trabajo”, pero solo es uno de los tantos que confirman esta elección.

La misma decisión tomó hace muchos años Javier, un fotógrafo grandioso que tiene su puesto no-oficial en una ochava sobre Defensa. Él llegó a esta feria en el 2003, después de haber vendido en plaza Francia, y no cambiaría por nada la magia de San Telmo.

“Mira, yo arme un día mi puesto en el mismo lugar y me quede. Siempre tuve al lado mío feriantes oficiales y tuve la mejor relación” cuenta, contento, mientras una chica venezolana revisa sus fotos.

La feria no oficial

Si salís de la placita, al caminar sobre la calle de adoquines, es imposible no detenerse cada 2 metros a observar todo lo que hay alrededor. Ya no son solo puestos oficiales de antigüedades, sino que es una muestra de teatro, danza, música y moda de nuestro folclore argentino.

Aunque exista una institución que maneja el tema de los permisos de la Plaza Dorrego, los puestos no oficiales también mantienen un orden a través de una asociación civil llamada “El adoquín” creada para legitimar y resguardar también aquellos puestos.

Más allá de la situación del país, de los permisos del museo o los respaldos de “El adoquín”, la feria de San Telmo hoy en día es la suma de la plaza Dorrego y las 15 cuadras de la calle Defensa. De los puesteros, del arte y de cada una de las personas que, domingo a domingo, se concentran en ese espacio y viven una experiencia única.