Carta #25

Salí de trabajar media hora antes porque la lluvia hace que algunos negocios se muevan menos. Mi compañero aprovechó el aguinaldo para comprar otro parlante (el que tenía caducó hace rato) así que estuve buena parte de la noche escuchando Jambao y La Nueva Luna. Me gustan mucho las cumbias viejas, me remiten a mi infancia en un barrio en que los vecinos hacían competencias tácitas por demostrar quién tenía el mejor equipo de sonido. Tanto disfrute el mini viaje en el tiempo que no le hice caso al dolor de cabeza y no acepté la cerveza que me ofrecieron. Así y todo, me dieron ganas de dar una vuelta por el bar de siempre, que no piso hace rato y de alguna forma siento que reclama. Iría sola. No tengo contacto con muchos amigos desde hace algunos meses.

Aproveché esa media hora de ventaja para caminar por Ramos lluvioso. Me compré un porrón de Corona y los cigarrillos que me gustan. Terminé el único pucho que prendí sentada en un umbral vecino a otro ocupado por un señor en situación de calle. El pobre viejo abrazaba una bolsa de basura y asentía mirando la avenida, como si la lluvia le hablara. Andá a saber qué acordaba. Quise invitarle un cigarro, pero ni me escuchó perdido en sus conjeturas, ni tenía fuego para ofrecerle. Pasaron dos pibes muy arreglados, uno con dos bolsitas. Se acercó al señor, le preguntó si quería un sanguche muy piola y el viejo accedió encantado. El otro me miró a mi e hizo un ademán de ofrecerme la segunda bolsa. Se ve que encapuchada y con olor a freidoras no parezco una piba con techo. Con una sonrisa le dije que no, que se lo dé a él y parece que les dio vergüenza, porque se fueron rápido y cabizbajos. A mi, en cambio, me quedó algo lindo en el pecho.

Tanto el señor, como yo, somos vestigios de un sistema horrible. Sumirnos mucho tiempo en las penas propias nos puede hacer olvidar, de ratos, de a días, de a semanas enteras, que un mundo entero nos contiene, que jamás estamos solas y que aunque nadie pueda rescatarnos, hay gestos que funcionan como bocanadas de aire. Al fin y al cabo estamos encerradas en nuestras propias subjetividades y no hay chance de salir de eso; la empatía es más que otra forma de acercarnos a otros. Es en esa acercanza que nos volvemos más humanas, encontrando también quizás la forma de vencer la costumbre de vivir y ahí el gozo por hacerlo.

Decidí caminar un poco más y venir a casa. Satán y Queso pasan mucho tiempo solos.
Imagínate, Queso está acostado en mi almohada, con su carita pegada a la mía y Satán en mi vientre, masajeandome ambos los nervios con sus ronroneos. El otro día en casa de Lara soñé con vos. No pude contarle todo lo que me provocas, si las ansias por verte. Casi se enoja cuando le dije que no te contesté, no supe explicarle que el diálogo con vos es distinto a todo lo conocido, incluido en sus formas.

Te extraño, por eso divago tanto. ¿Te diste cuenta que cada vez que queremos vernos, llueve? Me gusta inventarle significados, como si el cielo supiera que Cáncer y Piscis están enamoradas. Las nubes grises nos juntaron bailando bajo su vientre, seguro sabían lo que nos esperaba. Pienso mucho en lo linda que era tu risa ese día y no puedo evitar compararla con la de la última vez que te vi. Si me hubiese imaginado que tenía tantos matices, me habría ocupado desde el principio de buscar un abrazo distinto para cada una de ellas.

Me imagino pudiendo decirte todo esto mientras me das la mano y sé que se me escaparían unos cuantos besos furtivos, desesperados; mientras me contas si volviste a pelear con tu viejo, si tu amiga mejoró, si te quemaste con el trape, cómo te fue en la carpa itinerante, qué te pareció ese poema de Susy, ¿te vas a volver a cortar el pelo? no sabía que se te hacían esos rulos, te quedan hermosos, la cabeza rapada también. Todo te queda hermoso porque vos sos hermosa y cuando te reís me aflojas el alma, haciéndome olvidar todo lo que te dije, para qué te lo dije, quién te lo dije, cómo me llamo, qué linda tu risa. Me salva de que me lluevan los ojos tu risa.

Te pido disculpas por contarte tantas estupideces, nunca sé cómo dirigirme a vos, así que me limito a fluir. Estoy esperando con ansias que termine la semana.

Te quiero, cuidate mucho.

Besos y abrazos, 
Zoe.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Zoe’s story.