En diciembre se fueron tus ganas de mí, sin embargo, todavía recuerdo el sonido de tu risa, como tus dedos arrullaban mi rostro por las noches, el compás de tu pies guiándome por el suelo con cualquier melodía que nos gustaba. Vos te fuiste, pero yo me quedo con lo frío de tus besos y todo que fue, fuimos. Porque el café y la música que escuchábamos acostados en el sillón de tu casa siempre va a quedar en mí. Adiós, dulce S.

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Y vos que te aparecés en mi cabeza en plena madrugada y no te vas más, solo te quedás mirándome, quemándome con tus ojos. Vos que te aparecés en cada olor a café y me invitás a bailar con tu voz de seda hasta que me duelen los pies, vos que aparecés y reís de todo lo que digo porque jamás encuentro cómo expresarme bien. Vos.

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Y decirte que nunca te vas a borrar de mí porque la simpleza de tu sonrisa va a volver a incendiarme, porque las madrugadas de verano siempre traen consigo tu olor, porque aparecés silenciosamente en mi cabeza y te quedás ahí, sin decir nada, solo mirándome, solo sintiéndonos.

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