DÍA 1.- Preparativos, contratiempos y mucha nieve. Nuestra llegada a Inari.

Nuestra jornada ha empezado pronto. A las 7 de la mañana en Madrid todavía era posible percibir cierta calma, aunque la tranquilidad ha durado apenas el tiempo que hemos tardado en desayunar. Rápidamente hemos preparado todo el equipaje y nos hemos ido hasta el aeropuerto, en donde tomaríamos el avión que nos llevaría hasta Inari.

Es entonces cuando hemos tenido que hacer frente al primer contratiempo. Chedey, nuestro CEO, había olvidado sus globos en casa. Lo cierto es que durante unos momentos hemos temido por el desarrollo del proyecto, el cual llevábamos preparando tanto tiempo y al que habíamos dedicado tanto esfuerzo. Pero finalmente, gracias a la inestimable red de contactos de Fernando, pudimos contactar Luis Gallardo de Inemet, quien muy amablemente nos regaló dos globos adicionales. Así, con todo el equipo humano y técnico al completo, embarcamos rumbo a Helsinki, en donde tomaríamos otro otro vuelo que nos dejaría en nuestro destino final: Ivalo, una región situada 300 km hacia el interior del Círculo Polar Ártico.

Aeropuerto de Ivalo

Aterrizamos en Ivalo a las 18:10. En el aeropuerto nos esperaba el científico e investigador Javier Cacho, quien nos saludó efusivamente y nos transmitió una buena descarga de energía. Y la verdad es que nos hacía falta, pues faltaban otros 60 kilómetros en furgoneta para alcanzar Inari. Ese lugar que tantas veces habíamos imaginado estaba a punto de volverse realidad frente a nuestros ojos… ¡era increíble!

A nuestro alrededor todo era blanco. Sin embargo, a pesar de la enorme cantidad de nieve que cubría la tierra, la sensación de frío era similar a la que habíamos tenido en Madrid. Claro que, según nos explicó Javier, estábamos en plena “ola de calor”, ya que solo tres días antes habían alcanzado los -15ºC.

La primera etapa del viaje estaba a punto de finalizar. Nuestra meta estaba a tan solo unos minutos. Y entonces… nos percatamos de que la maleta de Calato, con todo el material de cámara, iba a llegar con algo de retraso. Un nuevo contratiempo se interponía en nuestro paso, pero eso no podía desanimarnos. ¡Por fin íbamos a llegar a nuestro destino! Estábamos en un lugar hermoso y mágico, distinto a todo, único y peculiar. Nuestro proyecto saldría bien, teníamos la certeza y la convicción de ello.

El equipo de Jugoplástika junto a Javier Cacho

Antes de bajar del coche nos dio tiempo a hacer una última reflexión y de comparar la zona en la que estábamos con nuestras queridas Islas Canarias, pero no solo en términos geográficos sino también en lo referente a las costumbres de la población. Por ejemplo, fuimos conscientes de lo relativas que pueden llegar a ser las distancias. Aquí 150 kilómetros no son nada, aunque tengas que ir más lento a causa de la nieve. Otro aspecto que nos llamó la atención fue la cantidad de turistas orientales con los que nos cruzamos, algo que nos pareció cuanto menos curioso.

Por fin llegamos al hotel. Estábamos verdaderamente cansados, pero no había tiempo para relajarse. Ricardo, de Greenland Adventure Viajes y Expediciones, y el propio Javier Cacho nos esperaban para mantener nuestra primera reunión de equipo. Nos sentamos a la mesa y empezamos a preparar todo, dándonos cuenta de que la planificación previa en la que habíamos trabajado durante semanas quedaba prácticamente en nada (casi siempre ocurre así, es inevitable en este tipo de reuniones). Sin embargo, este primer encuentro nos sirvió para atar muchos cabos sueltos y fue, además de necesario, muy provechoso.

Primera reunión de equipo

Después de horas de viaje y de un comienzo un tanto accidentado, todos los miembros del equipo nos sentíamos agotados. Estábamos deseando reponer energías. Pero… ¡oh, sorpresa! Todavía quedaba un último contratiempo: la pantalla del ordenador de Ricardo explotó sin motivo aparente. No obstante, ni siquiera esto nos desanimó. Dos cosas importantes habían quedado definidas: íbamos a hacer dos lanzamientos a la estratosfera en dos días e íbamos a recorrer casi los mismos kilómetros en coche que los que habíamos hecho en avión…

Supermercado en Inari

Ahora sí, llegaba el momento de irse a dormir. La aventura no había hecho más que comenzar.

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