Palabras del graduado/a

Quiero empezar con la letra de un tema:

Tengo las manos partidas
de hacer ladrillos ajenos
se está metiendo en mi sangre
el barro del písadero.
Hay días que me parece
chapalear en un chíquero
mirando aquellas casonas
que se han hecho con mi esfuerzo
y yo no tengo ni un rancho
pa’decir “aquí me muero”.
Cada quincena que pasa
se me viene abajo un sueño,
el patrón no me asejuta
mas siempre le estoy debiendo,
tan solo me limpio el barro
cuando me tiño de vino
mirando pasar la vida
echa carga rumbo al pueblo,
y pensando que se llevan
mi sudor en los ladrillos.
En veces paso jornadas
sin mirar en cómo es el cielo,
me estoy mezclando en la tierra
me estoy sepultando Vivo,
cada vez me cuesta más
llenar el molde barrero,
será que estoy tan cansado
de andar hundido en el suelo
húmeda cancha de lodo
donde se amasa mi tiempo.

El texto anterior es parte de la letra del tema “Destino ladrillero” de Marcelo Berbel ¿y quién mejor para musicalizar el relato de ese hedor al que se refiere Rodolfo Kush en su obra “América Profunda”?

Y así nace, primero la Universidad Obrera Nacional, cual consolidación representó el replanteo de la inserción de la universidad en la sociedad y el país. Juan Domingo Perón nos proponía así, su concepción de la “Reforma cultural”:

…y se hizo la conquista más grande, fue que allí la universidad se lleno de hijos de obreros donde antes estaban solamente admitido el oligarca. Porque la forma de llevar al oligarca, es poner altos aranceles, entonces, solamente puede ir el que los paga.
Nosotros suprimimos todos lo aranceles para la universidad: no había derecho ni de exámenes de ingreso ni de nada, era gratis, totalmente gratis, el estado pagaba eso. De manera que tanto el pobre como el rico podía ir.
Era un crimen que tuviéramos seleccionando materia gris en círculos de cien mil personas, cuando lo podíamos seleccionar en cuatro millones. Hubieran salido más abundante…

Y es aquí que estamos, buscando la decontrucción.

Oscar Varsavsky en 1969 escribe una fuerte crítica, a la que llamo “Ciencia, política y cientificismo”. En ella, establece una opinión (a esta altura podríamos decir juicio positivo), respecto al desarrollo de las ciencias. Interpela a sus pares, habla sobre una ilusión de libertad en la investigación, encarnada en la religión de los métodos cuantitativos. Deja en evidencia un mecanismo que sujeta al científico a las “estrategias de expansión del capital y las leyes del mercado”. Sólo busca una ciencia más libre, que logre cruzar esos límites construidos en torno a las demandas económicas perversas, no éticas.

¿Veo libertad en el otro? O sea ¿en mí? Abandonamos la manera de pensar occidental que se sienta sobre la transcendencia y nos acercamos al pensamiento latinoaméricano originario, que se concreta en la cotidianidad. ¿Cual debería ser la verdadera apuesta del graduado y de la graduada?

Es claro que debemos alejarnos de cualquier intento de élite monocromática. Sin embargo, pareciera que no nos estamos haciendo preguntas más fundamentales ¿es la universidad realmente pública, sin condicionamientos, al servicio del pueblo?

El futuro nunca debe perder ese antagonismo constante, aprender de la historia, pensar y reflexionar, más allá de que a veces parece que estamos frente a discursos que explotan el “doblepensar” de la “neolengua” que George Orwell lograría visualizar en su novela “1984”.

Como plantearía Héctor Germán Oesterheld en su mítica “El eternauta”, como “los ellos”, que nunca más se vuelva a truncar ningún otro proyecto de vida, de pueblo. Y es entonces donde rescato a Arturo Andrés Roig quien consideraba que siempre nos encontramos con la presencia de lo político en las manifestaciones de los lenguajes de una comunidad dada, como en nuestra facultad, entendiendo a lo político como “una toma de posición en relación con las diversas manifestaciones conflictivas sobre las que se organizan las relaciones humanas”. Así que como estudiantes, graduados, docentes, profesionales y a quienes sostienen a la universidad desde tantas otras áreas, les agradezco infinitamente todo lo realizado y todo lo que realizarán por nuestra universidad, que debe participar orgánicamente como plantea Enrique Duseel, en construir ese futuro social políticamente justo. Pero ya no sólo como instrumento tecno-científico a la orden de un sistema históricamente opresor sino siendo receptivos de la demanda ética que el pueblo sometido deposita, en esa esperanza de lograr alcanzar un mejor destino…

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