Una de las razones por las que este proyecto-laboratorio se llama “Invisible” es porque siempre que me enfrento a un tema e investigo sobre él me doy cuenta de que las cosas más importantes a la hora de entender el problema y su contexto están normalmente ocultas y son difíciles de ver a menos que hagas un esfuerzo por buscar más allá y desvelar nuevas perspectivas, nuevas conexiones y datos.

“Invisible” también porque trabajamos dentro de cámaras estancas donde parte de la realidad se queda fuera y es, cuando el proyecto empieza a convivir con el mundo, que surgen interacciones y consecuencias con las que no contábamos, que tienden a aparecer como un fantasma.

Por último, “Invisible” porque soy mujer, joven y con apariencia de ser aún más joven, lo que me hace invisible en muchas ocasiones.

Así que después de un tiempo observando y entendiendo he disgregado la invisibilidad en varias capas. No se trata de invisibilidades excluyentes sino que se superponen como una matrioska.

1. A la primera capa, y la más superficial, la denomino Invisibilidad Performativa. Es en mi opinión, la más evidente. Aparece cuando lo invisible se impone como un velo sobre realidades existentes negando su derecho a ser vistas.

Ésto es lo que ocurre, por ejemplo, en situaciones relacionadas con la raza, la identidad, el género, la posición social o la orientación sexual. Como sociedad hemos impuesto y seguimos imponiendo una capa de invisibilidad sobre aquellos elementos incómodos y que no encajan en los principios normativos, eliminando su derecho a ser vistos. Dentro de esta invisibilidad impuesta quiero incluir las prácticas de sometimiento y violencia que realizamos a otros seres sintientes, los animales, en entornos de explotación como las granjas industriales, donde se produce una elipsis de información, una invisibilidad del proceso que nos permite seguir con nuestro hábitos de consumo sin afectarnos lo más mínimo.

2. La siguiente capa es la Invisibilidad Manufacturada, un efecto de ocultación consciente, como un truco de magia, sobre todo de las nuevas realidades tecnológicas.

La afirmación de que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia (Arthur C. Clarke), se ha convertido en un principio esencial de la tecnología; los mecanismos se han invisibilizado haciéndose imperceptibles. Ya no se puede abrir la máquina para observar su funcionamiento, no hay engranajes ni piezas que nos permitan entenderla. La tecnología digital es críptica, algorítmica, invisible e incomprensible para la mayoría de nosotros.

Preferimos la conveniencia a la comprensión. Aceptamos los Términos y condiciones aún siendo incapaces de entender lo que significan y así es como perdemos el control de nuestros datos. Es también una tecnología que incorpora sesgos personales e ideológicos de quienes la crean. Los sesgos son invisibles, las consecuencias no. También sorprende cómo las grandes tecnológicas invisibilizan su impacto en el mundo físico, como lo hace Facebook con los servidores que tiene asentados en el Ártico, consumiendo enormes cantidades de energía y cuya producción requiere de infraestructuras que alteran el entorno y definen nuestro destino en el planeta.

3. Por otro lado hablamos de Invisibilidad Discursiva cuando lo invisible dicta la forma de lo conocido. Estos son los mitos, ideologías y tradiciones que nos contamos y que dan, o quitan, sentido a nuestra existencia.

Un ejemplo de Invisibilidad Discursiva es lo que sucede con el conocimiento que estamos generando sobre la crisis climática. Como dice Timothy Morton, se trata de un fenómeno que debido a su complejidad y escala masiva somos incapaces de conocerlo por completo, nos encontramos en una especie de invisibilidad epistemológica. Se trata de un hyper-objeto del que tan solo vemos fragmentos borrosos. Por eso, la única manera de conocer la crisis es a través de los relatos que nos cuentan desde la Historia, la Ciencia, la Economía, la Filosofía o la Política y el filtro de la idelogía. Un invisible que se visibiliza en los discursos.

4. Y por último, la Invisibilidad Proyectiva, que habla de la colonización de nuestros imaginarios. Se trata de los límites invisibles que definen el rango de lo imaginable, que marcan los posibles futuros, reduciendo las posibilidades infinitas a aquello que se pueda controlar. Las historias sobre nuestros futuros tienen propietario y aparecen poco a poco hasta ser irremediables.

Después de todo, tengo claro que la invisibilidad puede ser una herramienta de privilegio o de sometimiento. Y que “los invisibles” no lo son tanto sino que se debe al problema de ver el mundo con unas “lentes” poco adecuadas. Por eso mi intención es generar los contextos y estrategias que ayuden a desvelar, de manera colectiva, estas realidades ocultas y así mejorar nuestra comprensión del mundo que nos rodea.

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Lo que vemos es importante pero la realidad recae en lo que no somos capaces de ver. Invisible busca escapar de la forma habitual de ver las cosas.

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