Capítulo 3. Viernes, 14:00h

La conversación se desarrollaba en una de las habitaciones del hotel, en concreto la 712. Era una más de las destinadas a acoger a los delegados, igual de vetusta y aséptica que el hotel en su conjunto, y los dos hombres hablaban frente a frente, sentados en las camas. Uno de ellos se mostraba firme y seguro, y parecía tener cierta ascendencia sobre el otro.

- No hemos llegado hasta aquí para dejarlo todo a última hora. — Dijo el más convencido de los dos, mirando fijamente a su compañero de conversación, cuya mirada a su vez estaba perdida en algún lugar de la pared blanca salpicada por el gotelé. — Las cosas se harán según lo hablado.

La situación no era ni mucho menos cómoda, al menos para uno de ellos. Mientras escuchaba la claridad con la que se expresaba el que un día fue a buscarle a su propia casa para plantearle lo que hoy debía convertirse en realidad, recordaba muchos momentos vividos durante los últimos años. Buenos ratos. Batallas políticas ganadas sin miramientos utilizando todas las artimañas a su alcance para alcanzar los objetivos que se proponía.

- No te preocupes, — dijo — todo está listo y nadie va a echarse atrás. Llevo toda la vida haciendo esto, y no me acojonan dos noches más. Ya son muchas de estas a mis espaldas y te aseguro que se me da mejor que a ti. No olvides nunca que, si la idea fue tuya, y lo reconozco, yo soy el que ha diseñado la estrategia. La suerte está echada. Solo espero que cuando haya que poner las pelotas encima de la mesa te muestres tan convencido como ahora.

Y, sin mirar a su interlocutor, salió de la habitación, no sin antes revisar un lado y otro del pasillo, para evitar dar explicaciones a cualquiera que se cruzase en su camino sobre su presencia en un lugar del hotel en el que ésta sería, cuando menos, extraña.