
La lengua, una herramienta política.
Que es la lengua? Que es el lenguaje? Para que sirve? Estas son preguntas que hay que hacerse antes de afrontar un debate en este tema.
En España, lamentablemente, se ha generado, y no antes de ayer, toda una estrategia sociopolítica, o varias mejor dicho, que con un ideal nacionalista de telón de fondo, bien sea el catalán, el vasco o el gallego, han utilizado a sus lenguas autóctonas como principal herramienta y como seña identitaria fundamental de la cultura que les diferencia del resto del país.
La seña es real, claro, porque esas lenguas o dialectos (eso lo dejaremos en manos de los lingüistas), existen en esos territorios, y en algunos otros sin vocación nacionalista también. Pero unos ideólogos trasnochados, desde hace poco más de 100 años, se han servido de la lengua para argumentar, reforzar y abonar las diferencias entre semejantes, en contraposición a valores mucho más edificantes, como la unión, la fraternidad y solidaridad.
Unas lenguas, que sin la intervención de estos amantísimos patriotas, habrían muerto sin duda alguna. Pero tan preciada arma de construcción nacional no podía ser desperdiciada. Con lo que: apelando al natural amor de su pueblo a la propia tierra y cultura, utilizando el victimismo tras la, bendita para sus intereses, represión franquista, rentabilizando la carga de profundidad hábilmente introducida en el texto constitucional del 78 con el estado de las autonomías, aprovechando la desidia, el buenísmo y los intereses políticos habidos durante toda la democracia, pervirtiendo el espíritu de una ley electoral, que en aras de la justa representación territorial otorga a estos socios infieles una privilegiada relevancia, y mediante una sibilina, pausada y meticulosa estrategia de manipulación social y adoctrinamiento moral, ejercida desde unas instancias de poder controladas durante varias décadas; ha dado como resultado algo increíble, que ni los propios conspiradores se atrevían a soñar.
Resulta que en menos de medio siglo, unas lenguas en plena agonía por el efecto implacable del transcurrir de la historia y apuntilladas por un torpe ejecutor llamado Francisco, que las hizo renacer. Se encuentran hoy en día en plena forma, casi ya desplazando al castellano por completo. Pero lo que es peor, habiendo logrado grabar a fuego en el inconsciente colectivo, la idea de que revivir la lengua ancestral como central, troncal, vehicular, materna y hegemónica, es simplemente lo correcto. Sin argumentación alguna más allá del tesoro cultural que ésta supone para un pueblo orgulloso de si mismo. Eso para el que la sabe dar, porque como suele ocurrir, estos movimientos masivos orquestados, se nutren de forma muy importante de individuos pusilánimes, que encuentran un confortable hábitat en la corriente dominante.
Lenguas pobres en lo lingüístico y minoritarias en cuanto a hablantes, capaces de desplazar a una lengua como el castellano, que se disputa con el inglés la segunda plaza mundial en cuanto a su difusión y goza de una envidiable riqueza tanto a nivel semántico como histórico? La causa, el arrollador éxito de un proyecto de ingeniería social, que como una tormenta perfecta, se nos presenta implacable en pleno 2.018, desnudando la vergonzosa realidad de que como colectivo, a nivel de juicio racional, apenas hemos dado dos pasitos en un siglo.
Llamenme estadista sin sentimientos, pero no logro entender cómo le funciona la azotea a todo un pueblo, o al menos a una importante proporción del mismo, que en pleno s. XXI, en plena globalización, en plena era de la comunicación, tanto física como digital, en la que podemos contactar con las antípodas moviendo un solo dedo o nos podemos plantar en menos de 24 horas en el lugar más exótico del planeta, y en el contexto además, de una unión europea, que pretende, o debería pretender, una cohesión firme entre todos los estados miembros a costa de ceder soberanías. Cómo se puede llegar a considerar que lo correcto es, cueste lo que cueste, resucitar, fortalecer e imponer una lengua, con mucho pasado si se quiere, pero sin ningún futuro? Entendiendo por futuro aquel que sea deseable, aquel en el que los hombres tengamos las menos trabas posibles para entendernos y fomentar así la fraternidad y la concordia.
