¿Para qué sirve un político?
Junio 2015, las elecciones intermedias están a unas horas de alcanzarnos. El desencanto hacia el sistema electoral y político es evidente, y en su punto más álgido desde que tengo memoria. Y no es sorpresa, con un aparato gubernamental percibido como corrupto, ineficiente, caro, ostentoso, etc. En fin, una interminable lista de calificativos para expresar la insatisfacción ciudadana con todos los niveles de gobierno, (municipal, estatal y federal), en los tres poderes de la república, (ejecutivo, legislativo y judicial).
Uno de los movimientos que más ruido han hecho en estas elecciones, es el movimiento que promueve el abstencionismo. Argumentando que, la situación en el país es tan crítica, que no deberían celebrarse las elecciones. Este movimiento es el que hace preguntarme, ¿Que poder tiene un diputado, un alcalde o un gobernador, para cambiar la evidente degradación del pacto social en México, empezando, claro, por la seguridad pública. Es claro que algo no está funcionando, y simular que sólo se necesita un cambio en el color de la corbata para que las cosas funcionen, es ingenuo por decir lo menos, llegando hasta lo mezquino.
Hay razones para pensar, que lo que se necesita no es sólo un cambio en las personas que que ejercen el poder. Es necesario que las personas que ejercen el poder lo hagan de manera ética y honrada, pero no es suficiente. Lo que se necesita es un cambio en la forma en que se ejerce el poder, y ese cambio debe provocar cambios institucionales, que perduren. No debe ser a través de cambios mesiánicos que tengan impacto sólo durante 6 o 12 años.
Para evidenciar esto, propongo algunos ejercicios mentales de realidades alternativas. Imaginemos, que Enrique Peña Nieto no hubiera sido el candidato ganador en las elecciones de 2012. Supongamos que, Andrés Manuel López Obrador, o Josefina Vázquez Mota, hubiera resultado electo/electa. ¿Alguien puede explicar en que forma este hecho hubiera evitado la masacre de Iguala perpetrada contra los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa? O, ¿De qué forma habría evitado la ola de violencia que azota el Occidente del país? O ¿Cuál habría sido la estrategia de seguridad para terminar con las desapariciones? muchas veces incluso perpetradas por las fuerzas del estado, bajo el mando de autoridades de todos los colores.
Ante esto, al menos yo, no veo ninguna diferencia entre los políticos azules, amarillos o de cualquier otro color. Siento una falta de esperanza completa en el sistema político mexicano. Y no es que intente meterlos a todos en el mismo cajón. Para mi es evidente que hay un amplio espectro en la honestidad de los políticos, o al menos en eso soy ingenuo. Definitivamente creo que existe un puñado de políticos honrados y que se conducen con ética. Sin embargo, creo que los mecanismos del poder son el verdadero problema a solucionar, y por mecanismos me refiero a leyes, reglamentos e instituciones.
Este aparato institucional es el que promueve la ineficacia y la corrupción. Mientras siga siendo rentable romper las reglas, éstas seguirán rompiéndose. Mientras no haya forma de vincular responsabilidades a un alcalde por no procurar que se cumpla a cabalidad el reglamento de protección civil, por una dependencia municipal, o una empresa que opera en su municipio; entonces seguirán ocurriendo desgracias que involucran repartidores de gas, o bodegas que se incendian junto a una guardería. Mientras que un partido político no comprometa su existencia al romper las reglas en una elección, entonces seguirá habiendo partidos tramposos y monederos electronicos para comprar votos. Mientras el poder judicial sea un subordinado del ejecutivo, seguirá habiendo alcaldes asesinos. Mientras no haya un cambio radical en el combate a las adicciones, entonces seguirán existiendo narcotraficantes capaces de comprar voluntades.
Existen esfuerzos para cambiar pequeñas secciones del engranaje gubernamental, por ejemplo las políticas sobre Derechos Humanos o Transporte Público en el Distrito Federal. Que incluso esas, no salen limpias del chiquero gubernamental, como lo evidencia el caso de la construcción de la Linea 12 del Metro. Pero estos esfuezos nos son suficientes para contrarestar la abrumadora ineficacia del aparato entero.
Como conclusión a mi pregunta inicial, creo que, actualmente, un político sólo sirve como un engrane más de un aparato que está deteriorándose día con día. Incluso el más eficiente de los engranes, no podrá hacer grandes cambios en todo un aparato. Lo que se necesita, es crear un aparato que permita a los mejores engranes aportar en beneficio de la sociedad, y que limite el daño que generanlos engranes rotos e ineficientes, que siempre estarán presentes. Pero ahora, me surje otra pregunta que es más dificil responder, y merece la aprticipación de toda la sociedad: ¿Cómo hacemos los ciudadanos para propiciar es cambio en la forma en que se ejerce el poder?