Sueños de café frío.

Desde hace ya un par de meses, he tenido un sueño recurrente. Con pequeñas variaciones, pero en general siempre termina sucediendo lo mismo. No es coincidencia que dicho sueño viniera a mi justo al día siguiente de tu partida; o los días siguientes, no recuerdo la fecha exacta en que lo soñé por primera vez. Al principio no le di importancia, un sueño más recordándote. Pero ahora, hasta lo escribo para nunca olvidarlo.

El sueño comienza con nosotros tres: tú, tu gata negra llamada Matilda, y yo. Estamos recostados en la cama, con el cuarto a media luz, justo en ese momento en que todo parece irreal, como en un sueño. En mi sueño, despierto. Te observo, hermosa, desnuda, y con un poco de saliva escurriendo en tu mejilla; miro también a tu gata, que ha ocupado un espacio en mi lado de la cama, y me obliga a dormir en una posición digna de un contorsionista.

Tengo sed y hace calor.

- Voy abajo por agua, ¿quieres que te traiga?

- Sí. - Me respondes, todavía dormida.

Busco mis sandalias y camino como puedo, intentando no caerme, como sabes, es imposible que evite un tropiezo, sigo a la mitad del camino entre la realidad y el idilio.

Bajo cada escalón con sumo cuidado. Tu gata me sigue, como siempre suele hacerlo. Busco un vaso grande, de plástico. Sirvo un litro de agua y lo bebo sin detenerme. Lo vuelvo a llenar, lo dejo en la mesa, y me acerco a la ventana para abrirla, y dejar salir a tu gata, como cada mañana suelo hacerlo.

Regreso a la cocina, enciendo la cafetera para que comience a calentarse, tiro el café usado y recuerdo que ya no tengo café molido. Busco el café en grano, pongo un poco en el molino y lo trituro hasta que queda muy fino, -listo para un buen espresso- me digo en voz baja. Sirvo un poco en el filtro, lo comprimo, para que tenga mejor sabor y más cuerpo. Coloco el filtro en la máquina, y pongo debajo dos tazas. Enciendo el proceso que prepara el café. Espero un minuto, las tazas se llenan a la mitad de su capacidad. Tomo las dos tazas, apago la cafetera y la luz; tomo el vaso grande, de plástico negro, con el agua que te ofrecí y subo las escaleras.

Al entrar al cuarto, me detengo unos instantes, te observo, no, te contemplo, tu belleza es absoluta, tu desnudez la perfección. Me siento afortunado por vivir este momento.

- Traje tu agua, y te preparé un café.

- Gracias.- Me respondes aún medio dormida.

Dejo las tazas de café a un lado de la cama, y te doy el vaso grande, de plástico negro, con agua, lleno. Bebes un trago y me descubres.

- ¡¿Qué?!- Me preguntas en un sutil tono de sorpresa y reclamo, mi mirada te hace sentir incómoda.

- Eres hermosa- Te digo, y continúo admirándote.

- Gracias.- Me respondes sonriendo y sonrojada.

Me acerco a respirar cerca de ti. Toco tu cuello con mi nariz, y tu hombro con mi barba. Te estremeces, y derramas un poco de agua.

- ¡Espérame!- Me dices, intentando hacer que me detenga.

Tomo el vaso y lo pongo a un lado. Te abrazo, me abrazas. Nos besamos. Nos acariciamos como si no hubiera mañana. Hacemos el amor de forma única, sin vergüenza, sin límites, disfrutando cada instante, y tocando cada centímetro de nuestra piel.

Al terminar, tenemos calor, tenemos sed. Te doy el vaso grande, de plástico negro, con agua, casi lleno, le falta un sorbo y un poco más. Tomo mi taza de café.

- Te amo.- Me dices mirándome de esa manera que me hace sentir indefenso y vulnerable.

- Nos amamos.

Bebes agua y yo bebo mi café.

- ¡Mi café está frío!

En ese momento mi sueño termina, despierto y veo a Matilda en mi lado de la cama; y yo, estoy abrazando una almohada en tu lado de la cama.

Fin.

Like what you read? Give Jorge Martinez a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.