The Joys of the Gospel

Last week, I wrote about prayers and receiving answers that we don’t necessarily want. This week I want to write more about the answers to prayers that bring so much joy into our lives and strengthen us. Often time, these might just be blessings since we were never even praying for the blessing we received, but our Heavenly Father knew how much we needed it.

This week I had the opportunity to catch up with an old friend who has been going through a rough trial. On top of it, she has recently moved and through her trial, she has felt entirely out of place. Not having seen her in a while, I had no clue how she was doing spiritually. She told me all about how she was feeling and all the while, I just thought to myself, only the gospel and the Plan of Salvation will provide context for her problem and Heavenly Father has an amazing plan for her and her life and He is preparing her for something so much greater.

After listening, I asked a few simple questions. As she answered my questions, God’s plan became the focus of our conversation. It was late at night and she was tired, both physically and mentally, and was in a bad mood after telling me all about her trial. But, her countenance changed and she lit up with a radiating smile as soon as she began to speak of God’s plan, of her patriarchal blessing, and of the brighter future that we both knew was in store. As I realized that she was doing well spiritually, I also lit up.

Joy overcame both of us immediately. It could have only been the spirit that changed the dynamic of that conversation. As we kept talking, we were both strengthened immensely as we indirectly bore testimony and encouraged each other to see our trials in the light of the Gospel. I was so shocked at how much my friend was smiling as we continued talking I had to point it out and when I did, she realized just how much of an effect the spirit had had on her and on our conversation and the power of Christ and His Gospel to transform even the darkest parts of our lives and turn them into the brightest and most hopeful moments.

My mind was directed to a scripture that we read. It was 2 Nephi 2:2, “Nevertheless, Jacob, my firstborn in the wilderness, thou knowest the greatness of God; and he shall consecrate thine afflictions for thy gain.” We talked about how God turns every moment in our lives into a blessing, both the good and the bad, on the condition that we “[know] the greatness of God”, which I interpret to mean to personally know through faith the greatness of God. Essentially, when we are in tune with the spirit and drawing nearer to our Heavenly Father, every one of our afflictions will be consecrated for our benefit.

This week I was reminded of the joy that the Gospel brings into or lives. I was overcome with happiness as soon as I realized that my friend had become stronger spiritually since I had seen her last. The joy that she felt as she considered her trial in the light of the Gospel was as great as I have ever seen. I testify that as we keep Christ close to our hearts and work through our trials to grow closer to Him, we will feel His unwavering love and feel immense joy. And when we are able to share that joy with another, how much sweeter it is.

El gozo del Evangelio

La semana pasada, escribí sobre las oraciones y las respuestas que muchas veces no queremos. Esta semana quiero escribir más en cuanto a las respuestas a nuestras oraciones que nos traen tanto gozo en nuestras vidas y nos fortalecen. Muchas veces, estas son bendiciones porque las recibimos sin pedir la bendición que recibimos, pero nuestro Padre Celestial sabe cuánto las necesitamos.

Esta semana tuve la oportunidad de conversar con una amiga que no había visto por mucho tiempo. Ella está pasando por un desafío bien grande en su vida. Mas, ella se mudó recién y se siente sola ye perdida sin sus amigos y la vida a la que estaba acostumbrada. Por no haberla visto por algunos años, no sabía cómo estaba espiritualmente. Me estaba hablando de su desafío y todo lo que estaba pasando. Mientras escuchaba, Pensaba constantemente que únicamente el Evangelio y el Plan de Salvación proveerán el contexto que dará sentido a su desafío. También pensé cuánto mejor serían las cosas que nuestro Padre Celestial tiene planeada para ella en el futuro.

Después de escuchar, le hice algunas preguntas sencillas. Al contestarlas, el Evangelio se hizo en enfoque de nuestra conversación. Ya era tarde y ella estaba gastada físicamente y mentalmente y después de hablar de su desafío no estaba muy contenta. Pero, en el momento que elle empezó a ver la situación en la luz del Evangelio, su semblanza cambió completamente y se sonrió como nunca. Empezó reírse de felicidad y se iluminó de una manera increíble. Al verla cambiar, el mismo gozo me sobrevino. Ella empezó a hablar de sus oraciones y su bendición patriarcal y yo sabía que estaba bien espiritualmente. ¡Qué gozo más grande para mí!

Únicamente podía haber sido el Espíritu que cambió el dinámico de la conversación. Al conversar, nos fortalecimos espiritualmente al compartir nuestros testimonios de una manera informal y al alentar el uno al otro a seguir progresando hacía Cristo. Me sorprendió demasiado cuánto ella estaba sonriendo y cuando lo mencioné, se dio cuenta del efecto que el espíritu había tenido en nuestra conversación y cuánto el poder de Cristo y Su Evangelio puede cambiar las partes más oscuras de nuestras vidas en los momentos más brillantes y llenos de esperanza.

Me vino a la mente una escritura que leímos. Era 2 Nefi 2:2, “No obstante, Jacob, mi primer hijo nacido en el desierto, tú conoces la grandeza de Dios; y él consagrará tus aflicciones para tu provecho.” Hablamos de cómo Dios transforma todo en nuestras vidas en bendiciones, tanto lo bueno como lo malo con la condición de que nosotros “[conozcamos] la grandeza de Dios.” Esto lo interpreto como conocer personalmente a nuestro Padre Celestial por la fe. Básicamente, cuando estamos acercándonos a Cristo, cada uno de nuestras aflicciones será consagrada como una bendición.

Esta semana recordé el gozo que nos brinda el Evangelio de Jesucristo. Me sobrevino felicidad al ver a una amiga que se había acercado más a Cristo desde que la vi por la última vez. El gozo que ella sintió al considerar sus aflicciones en la luz del Evangelio era más grande que podíamos haber imaginado posible. Testifico que al poner a Cristo cerca de nuestros corazones y al avanzar durante nuestros desafíos para acercarnos más a Él, sentiremos Su amor perfecto y ¡cuán dulce es!

Like what you read? Give Isaac Robbins a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.