EL FALSO ESPEJO DE SOFÍA IMBER: LECTURA DE UNA BIOGRAFÍA

Noveno mes en Mérida

Desde que me topé con esta frase “Este gobierno convierte en mierda todo lo que toca”, de la fundadora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (1973), decidí que apenas llegara a la capital, iría por la biografía La señora Imber: Genio y figura a cargo de Diego Arroyo Gil, publicada este mismo año por la editorial Planeta. Así que a finales de agosto, gracias a una coincidencia entre Maiquetía, mi amigo Manuel Vergel, y el director de la revista Artefacto -Simeon Lugo-, La señora Imber llegó a mis manos.

Andando por la autopista Caracas-La Guaira, él decía: -Este fin de semana me lo pasé leyendo la biografía sobre Sofía. Se lee en dos sentadas. Y aunque sonara lógico que el director de una revista de arte ya hubiera leído la biografía sobre Imber, uno igual se asombra. Porque, ¿cada cuántos venezolanos leemos libros publicados tan recientemente? Salió en julio de 2016, y el 2 de agosto él ya la tenía leída y marcada.

Colección de objetos en Caffe Piú. Foto de: Irene García

Hasta ese momento no lo había visto en las librerías a donde había ido. -¡Manuel, tu jefe tiene la biografía! ¡Pregúntale dónde la consiguió! Y con esa fiebre y esa lanza (yo estaba leyendo a Javier Marías), quedó colgando la promesa de conseguirnos un ejemplar. Vale decir que además de la biografía, al señor Simeon le debo la gratificante experiencia de haber conocido la Galeríaart3 en Las Mercedes, y entre otras cosas que omito por no recordar datos precisos, también el haber probado en CaffePiú, el café más rico que me sirvieron en Ccs.

De modo que encontrarme con este libro fue una suerte de viaje dentro del viaje.

En mi cuaderno de notas dice que es 1 de Sept cuando empiezo a leer el prólogo de Boris Izaguirre, es decir, casi un mes después de aquél encuentro. Yo todavía estaba en Caracas (Santa Mónica, Edif Centauro). Había tenido que ir a una de las torres de Parque Central -justamente la que está más cerquita del MACCSI-, para buscar el ejemplar. Desde que empecé a leerla -y hasta el final-, me encontré con un personaje fascinante y divertido. Según Sofía Imber, Diego Arroyo lo que escribió fue una novela donde el personaje se parece demasiado a ella -eso dice el autor en el epílogo del libro-.

Por eso, una de las características que decido resaltar de esta lectura es precisamente la voz de Sofía desdoblada en Diego, porque en el fondo esa narración es la confluencia y consolidación de dos modos de ser humano, que estuvieron encontrándose y entretejiéndose durante casi tres años (entiendo 2014–2016), al menos dos días a la semana y no menos de dos horas. La voz y el estilo de este libro son la consecuencia de una pasión que hemos ido perdiendo: la del arte de conversar.

Mientras leía, le preguntaba a mis amigos: -¿Tendremos que usar dos relojes en cada muñeca o volvernos intransigentes, irónicos, perfeccionistas para aprender a trabajar y escribir con disciplina y puntualidad? –María, ¿tú revisas los baños de los sitios a dónde vas? -¿Cómo se alcanza esa disciplina y constancia?

Fotografía tomada de la web

Esta mujer no sólo se casó con dos de los mejores intelectuales venezolanos, también tuvo cuatro hijos, condujo programas de televisión, de radio, escribió columnas y dirigió la sección cultural en al menos dos de los periódicos más importantes del país (El Nacional y El Universal), viajó, leyó, fue dealer de obras de arte y para colmo fundó un museo. Y no cualquier museo, sino uno de tal calidad que nació por ser autosustentable.

¡Autosustentable!

Esa palabra casi delirio en nuestro contexto nacional.

El contexto de “un país que vive de perderse”. Algo sobre este tema se menciona en el libro, donde se relata que cuando Miguel Arroyo estuvo como director del MAB, Sofía empezaba a removerlo todo para crear el MACCSI. É le dijo que era un disparate fundar otro museo cuando los que ya estaban a duras penas sobrevivían a la crisis presupuestaria. Entonces Sofía le recordó -puede leerse en la entrevista al final del libro-, que su museo estaba naciendo para autofinanciarse, al menos en principio.

Yo no seré una lumbrera, pero tampoco una bruta, y sé escuchar a los que saben.

A mí me gustaría citar el libro entero, pero les aseguro que será mejor buscarlo, leerlo, rayarlo y reírse con la representación del discurso irónico y franco de Sofía Imber. Mientras escribo, me estoy preguntando qué quiero decir realmente. Nada sobre Sofía Imber, que no haya aprendido leyendo esta biografía. Nada sobre Diego Arroyo Gil, sino resaltar su atrevimiento de tomar la primera persona y construir ese “falso espejo”.

¿Qué puede implicar escribir desde el yo, sobre otro, sino jugar hacer el otro?

Apuntes de lectura. Foto: Irene García

Mientras escribo me estoy preguntando qué motivos llevaron a Adriana Meneses, la hija mayor de Sofía, a solicitar esta biografía. ¿Un homenaje al genio y figura de su madre? ¿Darle algo más en qué ocuparse? ¿Una suerte de despedida? ¿La memoria?

Difícilmente sabré qué la impulsó a hacer esta solicitud, pero a pesar de mi curiosidad no es eso lo más importante.

Prefiero inferir e imaginar el impacto –al menos personal- que puede tener un libro como éste para la generación a la cual pertenezco. Tengo 25 años.

Desde mi opinión, la relevancia que tiene para un lector de mi edad este libro, radica en la posibilidad de poder conocer el trabajo de una venezolana cuya tenacidad y responsabilidad son imposibles pasar por alto. Si bien es cierto que los capítulos dedicados a Carlos Rangel y Guillermo Meneses son hermosos y significativos en tanto que anecdóticos, también se muestran como una suerte de salas expositivas o cartografías donde la pasión, la cultura, la disciplina y el trabajo -de cada uno y en conjunto- son los personajes protagónicos. Es importante no quedarnos en la frase sardónica y visceral para entender que en esta biografía pareciera sugerírsenos dónde se halla lo valioso de una generación. Yo considero que se halla tanto en lo contado como en el trabajo desarrollado por Diego Arroyo.

Un profesor me decía: -La gente de tu edad se asombra porque no sabe que lo que hizo Sofia Imber en Venezuela es normal en otro país. Yo creo o prefiero creer que lo que ella hizo en Venezuela es extraordinario de manera atemporal y sin geografía. Y aunque mi texto resulte idólatra, me quedo con la necesidad de hacerme un poco de su disciplina y responsabilidad al ejercer cualquier oficio. También de la tenacidad para poder materializar ideas y mantener proyectos como el MACSSI. Pues si algo hemos ignorado en Venezuela es que la inauguración no es la parte más importante de fundar nada, sino el tomar acciones que hagan nuestros proyectos perdurables.

MACC, agosto 2016. Foto: Irene García

Coincido con el pesimismo de Sofía. Hoy el museo no es tal. Sin haber conocido la fiesta que ella describe como característica de lo que alguna vez fue ese espacio, hoy 2016, ni siquiera es el mismo que vi en el 2010 cuando lo visité por primera vez. Ahora sólo me hago una pregunta: ¿Habrá notado Sofía Imber en el 2015 la muestra de la que goza hoy el Museo de Arte Contemporáneo?

Me estoy refiriendo al óxido y vacío de las instalaciones. Ésa es la más auténtica exposición de la que se ufana hoy en día el MACC: óxido sobre vacío, con guarda-salas como fantasmas que juegan “snake” en sus teléfonos.

¡Ah! Y qué bueno que no entraste a los baños, Sofía.

Bueno…Quiero terminar mi visita a este libro de una manera menos gris.

Hace un par de días, mientras pensaba cómo terminar este texto repleto de rodeos, caminaba por la Av 3 en Mérida. Y me pregunté si habría algún ejemplar en las librerías de acá.

¡EUREKA!
Librería Temas, septiembre 2016. Foto: Irene García

La Librería Temas lo tiene. Y no sólo eso. Si se atreven a preguntar, seguramente tendrán una conversación amena y suave con la dueña del sitio, Arinda Engelke.

Sé que gustosamente les contará cómo fue que a principios de los años 80, logró entrevistar a Sofía Imber, la intransigente. Esta librería está en la Avenida 3, entre calles 31 y 32.

Aquí les dejo su página de facebook para que hagan las consultas que quieran: https://www.facebook.com/pg/libreriatemas/about/?ref=page_internal

Me despido diciéndoles que además, esta biografía puede leerse como un mapa cultural de al menos 50 años, donde se reseñan quehaceres literarios, artísticos y periodísticos desarrollados dentro y fuera de Venezuela. Toma nota y sigue la ruta. Yo, que no soy de Caracas, empezaré por El falso cuaderno de narciso espejo y Del buen salvaje al buen revolucionario, y apenas vaya a la capital iré a encontrarme con las obras de Victor Vasarely en La UCV.

A single golf clap? Or a long standing ovation?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.