Inventario íntimo sobre la reconversión soberana

Inevitablemente hay que replantearse en su totalidad

las actuales vías que tiene el pueblo

para hacer cumplir con sus deberes al gobierno

Yoani Sánchez

AGOSTO DE 2018 EN CARACAS

Billetes del nuevo cono monetario

Cuando entró en vigencia la segunda reconversión monetaria hecha en el país “en nombre de la revolución” -el pasado 21 de agosto-, los venezolanos amanecimos con cinco ceros menos, pero con cinco mil peos más. Hasta el sol de hoy la mayoría dudamos ante una cifra como 387 soberanos y retrasamos la entrega de nuestras tarjetas de débito, mientras sacamos la cuenta hasta “con los deditos de las manos y los deditos de los pies”.

Sin embargo, los abuelos se han llevado la peor parte, convertidos en el blanco de las burlas inmaduras que caracterizan nuestra idiosincrasia y en las victimas de extensas colas para cobrar -en efectivo- el aumento de una pensión “decretada” por el Estado, pero como de costumbre pospuesta e incumplida. Yo creo que la calidad humana de una sociedad se vislumbra, entre otras cosas, en el trato que reciben sus viejitos. Así que también en este sentido estamos por el piso. Lamentablemente, nuestros valores no experimentan la misma inflación que la moneda nacional.

El 22 de agosto salió en Gaceta Oficial una lista de alimentos con precios “acordados”, que se ha ido modificando abruptamente en medio del “blanqueo” de las vitrinas en todos los comercios del país.

Del lado izquierdo: Heladería Versailles/ Del lado derecho: Farmacias SAAS de “La Casona”

En medio de esta ficción, el efectivo sigue siendo una utopía.

Los cajeros automáticos de los bancos del gobierno expiden 50 soberanos en billetes de diez y en algunas taquillas de la banca privada solo 30. El pasaje en transporte público ascendió a 0.50, pero el billete de menor denominación es de 2, así que los chóferes cobran cuatro veces el pasaje legal. Valga acotar que he ido a cuatro bancos y en ninguno he podido acceder a las monedas de 1 Bs.S, que servirían para pagar el pasaje en transporte público. A propósito de esto, quisiera llamar la atención sobre lo siguiente: en diciembre de 2017 el billete de 100 mil bolívares era el de mayor denominación. Con tres de esos mi pareja y yo desayunábamos y almorzábamos en cualquier lugar de Mérida. Actualmente, ese billete pasó a ser la moneda ficticia sobre la cual les hablo. (Gracias al vigilante de un estacionamiento pudimos conocer un ejemplar de este artefacto extinto)

Izquierda: moneda de 1 B.S, 2018/ Derecha: Billete de mayor denominación del cono monetario anterior

Mientras tanto, en el país con las mayores reservas de crudo a nivel mundial, la mayoría de las estaciones de servicio despachan gasolina de manera gratuita o se paga con los billetes del cono monetario anterior. Aunque también puede ocurrir que el usuario llegue a la gasolinera y se encuentre con este cartel:

Estación de servicio ubicada en La Panamericana

¿Y la comida?

En este caso la cosa tampoco es sencilla. Hasta el 20 de agosto, asistimos al tímido regreso de algunos productos en los supermercados y abastos. Sin embargo, hoy 3 de septiembre el rostro de los estantes duplica nuestro pesimismo. Una vez decretado que el kilo de carne costaría 90 soberanos; el lomito, la carne molida, chuletas, costillas y toda la proteína desapareció de las carnicerías. Quienes tuvieron oportunidad, se hicieron de una buena reserva y quienes no, aún esperan que llegue la vaca -la próxima semana, -la próxima o -la próxima (como un eco que se repite en todos los establecimientos). De esta manera, vendedores, cajeros y carniceros deambulan por los almacenes esperando clientes que no tienen nada qué comprar.

Lista de precios acordados, publicada el 22 de agosto de 2018

Según la lista de precios que parece sacada de un acuerdo de cuento de hadas, 500 gramos de café cuestan 60 bolívares soberanos, es decir, seis millones de los viejos; pero mientras leo en voz alta el resto de la lista, mi hermana acaba de pagar 350 soberanos por un kilo de café. Por su parte, Doña Mortadela también brilla por su ausencia, pues corre el rumor (entre algunos charcuteros) de que la empresa Giacomello decidió cerrar -como muchísimas otras-, después de tener en el país al menos 68 años de trayectoria.

Anécdota personal:

Esta tarde Gustavo y yo fuimos a comprar huevos. Por fortuna, conseguimos una charcutería a la que tendría que llamar “huevería”. Había cajas y cajas de huevos por todas partes. Él se pregunta con asombro, me preguntaba preocupado e incluso se dirigía a la vendedora diciendo: — ¿Y los pollos? Todos estos huevos son pollos que no crecieron. Suponemos que a los productores les resulta más rentable vender esta tanda a 120 soberanos el cartón, que criarlos, invertir en alimento y pagar salarios a 1.800. Nuestra conclusión es que podríamos estar viendo los últimos pollitos sacrificados de la granja.

“Huevería” en el sector Santa Mónica

Los puestos de trabajo tampoco pintan bien.

Hace una semana hice una pequeña cola para sacar algo de efectivo. Ahí escuché a un señor que contaba, con una expresión de absoluto desánimo, que sus jefes hicieron reducción de personal apenas supieron que el salario mínimo pasaría de 5.000.000 (50 B.S.) a 180.000.000 (1.800 B.S). También les dijeron que a duras penas les pagarían 1.000 y si no les gustaba, podían renunciar. Ningún testimonio es optimista.

Hoy mismo fui al consultorio de la policlínica “Cristóbal Rojas” en Caracas. Mientras la doctora me chequeaba, nos contaba que la clínica acaba de cerrar definitivamente. Decidieron liquidar a todo el personal, excepto a dos vigilantes encargados de cuidar las instalaciones.

Otra anécdota personal y me despido

Cuando viajo a Caracas mi hospedaje varía entre un lugar y otro. A veces, decido pernoctar en un hotelito al que por cariño llamo “El Valle”. El pasado 16 de agosto, antes de la reconversión, la noche costaba 12.900.000 bolívares fuertes. Al día siguiente, una habitación menos cómoda costaba 15.000.000. Y el 30 de agosto, luego de la reconversión, ésta costaba 250 soberanos. En menos de 14 días me restaron cinco ceros de la factura, pero me aumentaron casi un 100% mi estadía.

Serie de facturas emitidas por el hotel “El Valle”.

¡Ni modo! Hay historias y amores que requieren ciertos sacrificios. Sin duda, lo que ha implicado para mí amar en dictadura es una de las experiencias que tendré que contarles en algún momento.

DESPEDIDA

El estado actual de los venezolanos que aún vivimos en el país es de absoluta incertidumbre. Somos una sociedad desahuciada que no tiene ni idea de qué hacer. Por mi parte, leo en voz alta Cuba Libre de Yoani Sánchez (a mi pareja, mi hermana, mi cuñado y a todo aquel que esté cerca para escuchar). Empiezo a creer que su experiencia de 60 años, sin saber qué hacer, podría darnos algunas señas.

Una de ellas es que necesitamos escribir el tejido cotidiano de las historias que componen nuestra vida en revolución, ya sea para los amigos, la familia o al menos para no olvidar. Por eso esta noche “acordamos” que debía contarles lo siguiente.

“Irene nos trajo jabón al Centauro”

Desde ayer, el condominio del edificio de donde vive mi hermana se vio forzado a reducir el servicio de agua a dos horas diarias (Por favor, vayan al hipervínculo anterior). Así que cuando empezaron a sonar las tuberías, todos nos movíamos desesperadamente de un lado a otro para lavar platos, baños y asearnos. Justo cuando mi sobrina se disponía a bañarse en una de las habitaciones y mi hermana en otra, nos dimos cuenta de que sólo había una pastilla de jabón. ¡No podíamos arriesgarnos a hacer una colita de uno en uno! Entonces, tuve mi oportunidad para convertirme en la heroína de la tragedia cotidiana de esta noche. Volé con mi capa hasta el bolso donde guardo las reservas que llevaré a Maracaibo (la próxima Leningrado sin puente, electricidad ni señal) y saqué un jabón de avena que había comprado hacía tres días. Gracias a eso -al menos hoy- pudimos vencer a nuestros archienemigos gubernamentales, transformados en mugre.

Sin más a qué hacer referencia, se despide

La narradora.

Irene García Atencio

Written by

Lectora y redactora. Venezuela

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