Sobre los contenidos soft en la prensa online

Una reciente conversación con una amiga me ha hecho pensar mucho estos días en ese absurdo debate que nos traemos algunos periodistas sobre lo que podríamos llamar ‘la multiplicación de los contenidos soft en la prensa online’, y en el que las dos únicas posturas posibles parecen ser sí / no, en contra / a favor. Creo que las respuestas dicótomas, pese a más sencillas y fáciles de defender, son por lo general erróneas, o por lo menos no tan precisas como deberían. Así que aquí van algunas ideas deshilvanadas sobre el periodismo online, las audiencias y los contenidos no noticiosos en los medios:

  • Hace algunos meses, el director de un medio digital español me dijo algo en relación a cómo en la actualidad las audiencias marcan los contenidos de los medios que viene muy a cuento para empezar este texto. “Ten en cuenta que en el papel las audiencias dependían más del departamento de marketing que de la redacción”, me explicó, “dependían más de lo que llevases de regalo con el periódico el fin de semana, que de lo bien o mal que hicieses tu trabajo en la redacción”. Hasta hace poco, los periodistas no tenían ni idea de quienes les leían, de qué era lo que más interesaba a sus lectores de todos los contenidos que ofrecían, ni de cuánto tiempo dedicaban a leer cada historia. Tampoco formaba parte de sus funciones el saberlo o analizarlo, ni interfería en su trabajo. Normalmente empresas externas se encargaban de la medición y estudio de sus audiencias y junto al departamento de publicidad y marketing del periódico marcaban estrategias para mejorar la tirada. Entre esas estrategias, además de los regalos que comentaba este periodista español, los diarios ofrecían suplementos sobre temas variados, no siempre informativos. En mi casa se compró mucho tiempo El País los domingos en parte porque incluía El Pequeño País, una revistilla para niños con tiras cómicas y pasatiempos. Y durante una temporada fuimos fieles consumidores de El Mundo por una enciclopedia por fascículos que se incluía con el periódico algunos días de la semana. Yéndonos un poco más allá de los años 80 de mi niñez, más de un siglo antes de El Pequeño País y las enciclopedias de El Mundo, La Presse publicaba por entregas las novelas de Balzac en Francia. Es decir, los contenidos soft, no informativos o no noticiosos siempre han estado ahí, acompañando a las noticias, en diferentes formatos y con diferentes funciones y calidades.
  • Desde hace algunos años, los periodistas tienen información detallada sobre los hábitos de consumo de sus lectores. Siguen sin saber exactamente quiénes son ni cuáles son sus verdaderos intereses en la vida, pero conocen a la perfección a qué contenidos acuden con más regularidad, además de algunos datos demográficos sobre ellos. Si estuviésemos en los 80, los periodistas de El País sabrían que mi madre cuando tenía 35 años compraba el periódico los domingos no para leer con detenimiento sus reportajes sobre noticias de calado internacional, sino para que yo me entretuviese con los tebeos de El botones Sacarino. Eso sí, seguirían sin saber por qué mi madre no leía sus reportajes sobre política internacional ni qué le interesaba más allá de El botones Sacarino.
  • Además de esta información detallada sobre sus lectores, los periodistas también reciben continuamente feedback de estos lectores, a través de Facebook, Twitter o en los comentarios de las noticias. Podríamos decir que los periodistas han pasado de escribir para una audiencia imaginaria, para complacer a sus jefes y fardar con amigos y familiares, al constante escrutinio de los lectores, que además ahora protestan a tiempo real y dirigiéndose a ellos con sus nombres y apellidos. Los lectores, de quienes antes se encargaban los expertos en publicidad y marketing, son ahora un asunto con el que tienen que lidiar los periodistas.
  • Internet es un nuevo medio, que pide nuevas narrativas, y que ha generando nuevas formas de contar y consumir historias. Ya no leemos novelas por entregas de Balzac, sino que escuchamos Serial. Ya no nos entretenemos con caricaturas y viñetas, sino que nos encanta pasar el rato leyendo las 10 mejores formas de hacer algo, ilustradas ingeniosamente con algunos gifs.
  • Todo esto ha dado lugar a nuevos géneros periodísticos y también nuevos contenidos no noticiosos o soft que complementan a las noticias más duras o que simplemente se ofrecen como en su día el folletín o el suplemento, sólo que ahora online. Entre los nuevos géneros están las listas, que encuentro tan fascinantes como irritantes, pero que cumplen en algunos casos una función muy importante más allá del click facilón (o el pincha pincha, como lo llaman en algunas redacciones). En una de las publicaciones online que he estudiado para mi tesis doctoral, los periodistas se referían a las listas sobre temas de actualidad como “saca-dudas”. A simple vista, las listas pueden parecer simplemente un atrapa lectores, sin mucho contenido que ofrecer. Sin embargo, una de las periodistas de este medio me explicaba que las listas les permiten contar temas tan complejos como el conflicto en Ucrania de una forma atractiva, resumiendo los puntos más importantes para el lector que no ha seguido la información desde el principio, sin la necesidad de seguir la lógica narrativa de un reportaje o un artículo. ¿Cómo saben los periodistas que las listas son más efectivas en algunos casos que los reportajes? Pues por los datos que manejan del tráfico: el tráfico apunta a que los lectores están más interesados en leer ‘Las 10 cosas que debes saber para entender el conflicto de Ucrania’ que un titular del estilo ‘Rusia y Ucrania comienzan a negociar este viernes un acuerdo sobre gas’. Los periodistas sienten que tienen la obligación de contar lo que pasa, que cumplen una función pública, y por eso normalmente quieren hacerlo de la forma más efectiva. Esto no significa que la lista sea el nuevo género periodístico definitivo; en muchos casos, se abusa de él, se aplica a contenidos en los que no es necesario y se utiliza como pincha pincha con el objetivo de aumentar el tráfico. Vaya, que, como decía al principio, a la pregunta “listas, ¿sí o no?”, no se puede responder más que desde la escala de grises.
  • Finalmente, la mezcla de todos estos elementos, es decir, la necesidad de atraer lectores desde la redacción y no desde los departamentos de marketing, los nuevos hábitos de consumo y las nuevas narrativas en internet han dado como resultado, entre otras muchas cosas, la multiplicación de contenidos no siempre noticiosos enfocados a atraer audiencias en los medios online. ¿Son estos contenidos dañinos para el periodismo? No, en absoluto, más bien todo lo contrario. ¿A alguien se le ocurriría decir que los escritos de Balzac amenazaban la integridad del periodismo? Pues lo mismo puede aplicarse a este caso. Ahora, de la misma forma que los folletines de Balzac y El Pequeño País se presentaban separados de la información pura y dura, estos contenidos también deberían estarlo. ¿Estoy queriendo decir que no deberían presentarse en la portada? No, para nada. Esos contenidos tienen que estar bien promocionados, ya que son muy valiosos para los medios. Simplemente los medios tienen que hacer un esfuerzo por identificar estos contenidos como lo que son. Volviendo al caso de El País, esta función de contenidos ‘sociales’ o pensados atraer lectores la cumple en estos momentos Verne, un proyecto muy interesante en el que trabajan varios amigos míos pero que no voy a defender simplemente por eso. Verne aparece señalada en todo momento como una sección diferenciada que se dedica a descubrir “las miles de maravillas por minuto que nos ofrece internet y que más nos fascinan”. En Verne se publican historias de todo tipo, algunas más soft, otras mucho más relacionadas con la actualidad, todas muy cuidadas, bien escritas, bien investigadas y todas con un altísimo interés humano. Verne es un ejemplo estupendo de suplemento online de calidad, con contenidos chulos que apetece pinchar, que aparecen todo el tiempo identificados (incluso en las redes sociales) como pertenecientes a un suplemento.
  • Regresando a la polémica planteada al principio, me sorprendió mucho hace unos días la furia con la que muchos lectores de El País comentaron a través de diferentes canales sobre los textos que se publicaron en Verne acerca del vestido oro y blanco que parecía negro y azul (o al revés, nunca llegué a enterarme). A algunos lectores les parecía que una publicación como El País no debería dedicar espacio ni recursos a cubrir una historia como la del vestido. Además de que esto pueda ser cuestionable, lo que más me sorprendió fue que la mayoría de estos lectores no estaba tiendo en cuenta que ese texto que tanto criticaban se había publicado en una sección que analiza “las miles de maravillas por minuto que nos ofrece internet”, y que lo que tenían ante sus ojos era un caso singular y fascinante, una de las mil maravillas de internet. Me pregunto si estos lectores habrían criticado con furia en los años 80 la aparición de las historias de Goomer grapadas junto a El País.
  • Creo que muchas de estas reacciones tienen que ver con el descreimiento generalizado en el periodismo, y con la incomprensión de internet como un medio diferente a lo que estábamos acostumbrados y en el que convergen en un mismo espacio todos los medios de comunicación que conocíamos hasta el momento. ¿Se hace mal periodismo en Internet? Sí, pero también se hace muy buen periodismo en internet y más periodismo que antes.
  • ¿Esto quiere decir que defiendo cualquier tipo de contenidos atrapalectores siempre y cuando vayan convenientemente etiquetados? No, defiendo que los periódicos online publiquen suplementos de calidad que complementan sus noticias, reportajes, entrevistas y columnas de opinión. Existen muchos temas de interés público y relacionados con el entretenimiento que no tienen cabida en las páginas de actualidad pero que históricamente se han difundido con la prensa, ¿por qué dejar de hacerlo?

Todo esto lo podría haber contado sin puntos. Los puntos en realidad no tienen ningún sentido en este texto, como tampoco lo tiene el gatito que lo encabeza. Pero qué mejor que unos puntos y un gato para un montón de pensamientos desestructurados.