El gato

Papá me tomó de la mano y me ayudó a entrar. No sé, de pronto sentí que la casa era enorme. ¡Qué altura los techos! ¡Qué lejanos del suelo! ¡Qué chiquitas mis piernas!

Papá me dijo: la compré como negocio. Pero quién sabe, las vueltas de la vida a veces te traen y a veces te llevan. Y yo le dije a papá: no te preocupes, porque la casa es grande.

Una casa grande es más linda que una casa chica donde toda la familia tiene que apretarse para vivir. Como en la pequeña casa donde vivimos: dos abuelos, papá y mamá y siete niños. Sin perro y sin gato. Hubo una cotorra verde, pero se la comió el gato, que por entonces vivía feliz. Hubo un gato, hasta que Aldito, de alma vengativa, se enteró del suceso de la cotorra.

Por eso pienso que las casas grandes son más cómodas que las casas chicas. Se está con frescura y tranquilidad, porque la gente y las mascotas viven más separadas entre sí.

Aldito me dijo cuando llegó de la escuela que, o bien lo molía a palos o bien lo envenenaba con cianuro. Al gato. El problema, según me contó, era que en la farmacia del barrio le vendieran cinco gramos de cianuro. Yo le pregunté de dónde había sacado que con cinco gramos de cianuro se envenenaba un gato. De la Enciclopedia Ilustrada, me dijo.

La Enciclopedia Ilustrada es fantástica. Ahí está toda la Verdad del Universo Conocido y más, porque aún las cosas no verificadas son especulaciones de rango científico, según dice en el Prólogo. Por ejemplo, cuando de vida de gatos se habla.

Pero el farmacéutico no le vendió el cianuro. Y no sólo no se lo vendió sino que llamó a mamá para avisarle que Aldito probablemente se quisiera suicidar o algo así: “estos niños”, dijo el farmacéutico, quien era más loro que la cotorra muerta.

Resultado: Aldito volvió arrastrado de las orejas por los dedos de mi madre y con el propósito justificado y noble, de vengar a la cotorra devorada y de hundir en el misterio del lavarropas, al gato. Una muerte mecánica, me explicó.

Por eso cuando papá me tomó de la mano y me mostró esa casa tan grande, yo pensé: no habrá tanta muerte en esta casa tan grande.

Foto: Dinesh Nadgaonkar % r�8

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