LA FELICIDAD CON GARANTÍA
Yo te deseo feliz 2016. Y tu me respondes de igual manera. Y más allá del deseo, parece que el agua de la esperanza y de la certeza, se cuela por entre nuestros dedos. Que tengas salud, dinero, amor. Parece el resumen eterno de la bendición de fin de año. Aquella que uno pide a los dioses del destino. Aquella que uno desea a quienes nos rodean. Y al mundo, porqué no.
La lotería de fin de año, el chequeo médico exitoso y un beso en los labios. Ya está. Eso es todo, o por lo menos, es la síntesis del deseo perfecto.
Después, no mucho tiempo después sino casi enseguida, la fortuna dice que tienes que continuar con la rutina del trabajo, con la molestia diaria en el dedo gordo del pie y con la ilusión del amor que besa los labios.
Te pregunto y me pregunto, si la felicidad, esa joven esquiva, es realmente la utopía, la magia, el perpetuo horizonte.
O por el contrario, es el amanecer de cada día, el latir del corazón, la mirada del otro, el subway que te lleva al trabajo, la sopa del mediodía y el café de la tarde, la almohada y quien, cada noche, respira contigo en tu cama.
Yo te deseo un feliz 2016.