La melancolía del Otoño

Sí, hay una blandura que te gana el cuerpo y el alma. Porque puedes (el sol manso y la brisa te lo permiten), mirar con tus ojos bien abiertos el entorno ambiguo que te rodea. En otoño hay un movimiento suave, un pendular hacia el remanso. El fervor del verano se disipa. El color del cielo se vuelve amigable. El verde de las hojas de primavera, que se vuelve dorado en verano, ahora en otoño se amarrona o se enrojece y se vuelve franco, querible.

Hay un desprendimiento (no sólo de las hojas de sus ramas). Hay una suerte de desarraigo. Una preparación para encapullarse en la tibieza de una taza de café. O de un abrazo delicado. O de un beso.

El otoño es tránsito. Es camino. Es sueño. Conjuga el pasado con el verbo del futuro. Es resumen, balance y esperanza.

Es humano. Es el recuerdo de ayer y la visión sin prisa del pasado mañana. Es apuesta a la aventura giratoria de la vida.


(Foto de Juan Irigoyen)