La ciudad de los colores. La fotografía de María Luisa Romeu.

Los colores en las paredes, las diferencias arquitectónicas, lo rustico, lo delicado, ese universo material inscripto en cualquier pared, de cualquier ciudad, no siempre está en la superficie. La fotografía de María Luisa Romeu lo descubre.

“¿Por qué hay colores?“, es una pregunta de niños, pero también es una lanza. La imprudencia de esa curiosidad obliga a los adultos a subrayar las palabras, a explicarlas una y otra vez, hasta casi borronear sus sentidos, hasta confundir las definiciones con incógnitas. Aquel juego de niños atraviesa a las palabras.

Este espíritu recorre la fotografía de María Luisa Romeu, en una pregunta por los colores, las arquitecturas y las formas.

No hay estructuras ni colores naturales, todo tiene un origen, un capítulo cero olvidado en la cotidianeidad de la vida urbana, donde los matices pictóricos y los bosques de edificios conforman un paisaje, una suerte de identidad local. Frente a eso, Romeu realiza un doble movimiento: posar la mirada, desarmar las definiciones.

Radicada en São Paulo, quizá la ciudad más grande de Latinoamérica, habita un ecosistema. Romeu atraviesa sus calles, avenidas, localiza los intersticios, descubre a los fantasmas de las arquitecturas pasadas, junto a las formas actuales, sus discusiones, los matices y una intimidad. Nadie podría atomizar la ciudad en una imagen, pero sí capturar un fotograma del largometraje imaginario de São Paulo, aquella “película” que cualquier habitante filma mientras camina, observa, vive.

Romeu documenta su São Paulo. Sus protagonistas son los colores del paisaje urbano, en dialogo con las estructuras, con la rusticidad de los materiales y aquella inevitable reminiscencia a los negocios inmobiliarios. Todo ese universo material inscripto en cualquier pared, de cualquier ciudad, es atravesado por la fotografía de Romeu.

Al posar la mirada, descubre. El primer hallazgo es la conversación entre los colores y las formas, sus coincidencias, sus contradicciones. Esos colores, anexadas a esas formas, no hubieran existido sin la composición de Romeu, y ese es su segundo descubrimiento, o su segunda definición desarmada, la veracidad de los hechos . El ojo fotográfico ordena el universo habitado.

Si los pliegues en las arquitecturas, esos que delatan las reminiscencias al pasado y el presente, siempre ocuparon ese lugar en la ciudad, si la ciudad existe solo en la lente de Romeu, si esa es la verdadera paleta de colores de São Paulo, no importa. Toda ciudad es imaginaria, y ese es su tercer descubrimiento.