Sobre democracia y tecnologías sociales

La tecnología y las redes sociales favorecen el acceso a la información, y en este sentido cabría pensar que pueden ser beneficiosas para la democracia, puesto que una ciudadanía más informada debería tener una mejor capacidad de decisión.

Sin embargo, se da la circunstancia de que la información a la que tenemos acceso con las tecnologías sociales no siempre es fiable, no sabemos quién está detrás de cada publicación a la que tenemos acceso y las llamadas noticias falsas proliferan. Además, las redes sociales permiten que cada uno de nosotros elijamos de dónde -o de quién- sacamos la información que consumimos. Así, nos exponemos a la información de manera selectiva, lo que puede llevar -y de hecho lo hace- a una mayor polarización.

Por otro lado, las tecnologías sociales han obligado a las instituciones y a los políticos a subirse al carro de la transparencia, lo que sin duda es beneficioso para la democracia. Y no solo eso, hoy, las redes sociales se han convertido en un vehículo para la aparición de lo que podríamos llamar lobbies ciudadanos, es decir, agrupaciones de gente que desde diferentes lugares se ponen de acuerdo a golpe de clic para movilizarse en contra o a favor de una u otra medida y consiguen cambiar cosas. Plataformas como Poletika.org, Change.org, OsOigo.com, o Kuorum.org, son ejemplos de cómo las tecnologías sociales están cambiando la relación entre los ciudadanos y sus representantes.

En definitiva, y por diferentes motivos, las tecnologías sociales tienen mucho potencial, y también mucho peligro. El debate está servido.

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