Pensaba que eras ya incapaz de verme, reconocerme, y quizá recordarme, pero antes de irme suavemente te dije “Te quiero, aquí estoy” seguido de mi nombre completo, la sonrisa tímida que se pintó en tu rostro, y como aprestaste mi mano me hizo saber que uno nunca deja de sentir y mucho menos de amar. Sé que me escuchaste, tu ya sabías que estaba ahí.