Qué privilegio conocer los frailejones, nuestro banco de agua, de vida!

Diario de Ciclomontañista: Páramo de los Domínguez, Colombia

Me levanté a las 3:30am con toda la gana que solo ir a montar bicicleta o caminar me inspiran. Roger me recogió junto con Camilo, acomodamos las bicicletas en el techo del carro y salimos al punto de encuentro con el grupo de Raytom. Llegaron todas las víctimas de esta ruta salvaje que se nos venía, en realidad no conocíamos absolutamente la ruta, eran instrucciones de terceros y respuestas de camino las que seguíamos.

En el carro ibamos entonces Roger, Camilo y Nelson. Llegamos a Palmira y después de un delicioso desayuno con unas arepas que estaban buenísimas, fuimos rumbo a Tenerife. Fue una ruta sobre cuatro ruedas con paisajes deleitantes, me llena de felicidad la hermosura de nuestra tierra, de nuestro Valle del Cauca colombiano. Cada vez me enamoro más de mi país porque alimenta mi espíritu aventurero.

Vista desde el pueblo Tenerife, Palmira.

Llegamos a Tenerife, un pequeño pueblo con muy pocas casas pero unas montañas al rededor que despertarían la envidia de cualquiera. Todos en el grupo estábamos maravillados por el lugar y por el buen clima que estaba haciendo: sol y frescura; nos habían dicho que el lugar era bastante frío, pero ese día estaba cálido.

Alistamos todo lo necesario para empezar el ascenso en bicicleta: guantes, truzas, pasamontañas, hidratación, bocadillos, etc. Nos tomamos la foto grupal e iniciamos la rodada.

Grupo de ciclomontañismo Raytom de Cali.

La meta de la travesía era llegar a más de 3800 metros de altura, a la Laguna negra al interior del Páramo los Domínguez. La subida empezó dura, no teníamos previo calentamiento y la cuesta era alta, pero teníamos toda la energía del mundo para cumplir nuestro objetivo. Subimos suave y con algunas pausas para recuperar aire y regular la respiración, ya que la altura nos afectaba fuertemente. Este deporte llena mi alma porque eres tu contra tu propio peso, es la voluntad que tienes de llegar a una meta y es hacer todo tu esfuerzo rodeada de la majestuosidad de la naturaleza. Paramos muchas veces a tomar muchas fotos :) era inevitable.

A mitad del camino a la Laguna Negra.

La altura es muy difícil de soportar, a todos nos dolía muchísimo la cabeza y nos costaba manejar el ritmo cardíaco. El grupo se fragmentó en una parte del camino por el nivel de dificultad tan alto que había y porque eran las 2pm, no habíamos almorzado (ni siquiera llevamos comida para el camino) y aun no sabíamos cuánto faltaba para la laguna. Varios del grupo se adelantaron y cogieron mucha ventaja.

Yo creo que de los 27km de subida en realidad hice 17 en bicicleta y los otros 10 caminando con la bicicleta al lado porque no tenía una buena relación piñón-plato para las subidas. Yo quería llegar a toda costa así que no me rendí y decidí caminar. Caminé sola mucho mucho tiempo, paraba a ver si las personas que iban atrás me alcanzaban pero no se escuchaba nada ni llegaban. No sentí temor, me sentía fuerte. El silencio en la montaña es verdaderamente aturdidor, pero fue mágico; ha sido una de las mejores experiencias para compartir tiempo conmigo misma y llenarme de fuerza a continuar. En un punto el sonido de las avispas era como el de una motocicleta, era supremamente fuerte y se escuchaba cuando cualquier hoja caía.

Creo que caminé más o menos 1 hora y media por una ruta desconocida y desierta, paré en varias ocasiones porque me sentía muy agitada y no podía respirar bien; cuando paraba sentía que me quería quedar dormida, me sentía muy débil, sin energías… Hasta que vi los frailejones.

Foto por Nelson Montezuma.

Jamás había visto un frailejón en su entorno natural, se me aguaron los ojos porque sentí una felicidad absoluta. Un frailejón para mi es primero la representación del nacimiento de nuestra agua, nuestro tesoro y segundo la representación de que estaba en un lugar demasiado alto al que no cualquiera llega y menos en bicicleta (o al menos con la bicicleta al lado jaja). Me sentí orgullosa y privilegiada de estar en ese lugar, de estar en un páramo.

Seguí caminando, y doblando una de las curvas se empezaron a ver una gran cantidad de frailejones, pensé que pronto vería a mis compañeros y a la anhelada Laguna. Continué caminando y el camino se empezó a nublar, luego encontré a un grupo de caminantes y les pregunté por mis compañeros: Me respondieron que aun faltaban como 5km para llegar a la Laguna, que ellos no lo habían logrado y que lo más seguro era que ellos se regresarían. Miré hacia el camino que faltaba (lleno de neblina y solo), miré el reloj (las 3pm), me toqué el estómago (moría de hambre), en el termo ya no tenía agua… y les dije que entonces me regresaba con ellos.

Empecé a descender el camino rocoso. Y a pocos minutos de iniciar el descenso me encontré con Roger, le conté la situación y decidimos regresar ambos. Tomamos aire, nos preparamos para bajar y empezó a llover. El páramo nos estaba diciendo que debíamos irnos, el frío era terrible. No le deseo a nadie la lluvia en el páramo.

El descenso lo hice con mucho cuidado, me caí una vez pero me levanté para continuar, no sentía mis manos por el frío y la fuerza que debía hacer al frenar. En un punto se nubló tanto el camino que los precipicios se volvieron nubes blancas a las que parecía bastante fácil caer. La bajada demoró como 50 minutos, fue supremamente técnica y pronunciada.

Roger y yo llegamos al punto donde habíamos iniciado toda la travesía y encontramos a nuestros otros compañeros, ellos habían regresado poco antes de ver los frailejones. Pusimos nuestras manos en el calor de un asador de arepas porque no las podíamos sentir. Comimos arepas, empanadas, papas rellenas y toda la fritanga que el pueblo nos pudo ofrecer jajaja.

Después de unos 40 minutos llegaron nuestros otros compañeros, dos de ellos habian logrado llegar a la Laguna. ¡Fueron unos verdaderos guerreros!

Yo quedé satisfecha cuando vi esa manada de frailejones al rededor mio y de mi bicicleta, pero a todos nos quedaron las ganas de llegar hasta la Laguna. Aprendimos muchas cosas de esta ruta y principalmente fuimos a conocerla; queremos regresar pronto e ir mejor equipados para cumplir nuestro objetivo. Montar bici es genial, pero hacer bici de montaña es más satisfactorio aun.

¡Muchas gracias por leer mi historia!

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