Diario de una mujer libre

Hoy fui a un centro de reclusión para menores.

“ La conocen los que la perdieron,
los que la vieron de cerca, irse muy lejos
los que la volvieron a encontrar
la conocen los presos, …
la libertad” 
Andrés Calamaro

Muros grandes, puertas pequeñas, barrotes, gritos, más muros, paredes grises, ventanitas, alambres de púas, más puertas y finalmente niñas corriendo en el prado.

Entramos a hacer un taller de diseño a este centro de reclusión, en el que niños y niñas menores de edad esperan a ser condenados o ya lo están. Pequeños y pequeñas que por diferentes motivos y condiciones sociales cometieron delitos que los llevaron a la privación de su libertad.

Es intimidante pensar que estás rodeado de niñas que a tan corta edad le han hecho daño a otra persona, sin embargo, creo que hay que tratar a quien te rodea sin prejuicios y con total amabilidad. Independiente de la condición de cada una, una sonrisa usualmente se devuelve con otra y en este caso entramos a hacer un ejercicio creativo que iba a generar ideas y resultados interesantes.

Iniciamos el taller con una presentación corta y unas pautas de diseño para este grupo de 12 niñas, que aunque no han terminado en la mayoría de los casos su bachillerato, están llenas de ideas valiosas. Debo confesar lo asombrada que estaba de ver su entusiasmo y felicidad durante el desarrollo del taller, que tenía como objetivo la creación de un afiche no sexista para la promoción de un producto.

El taller ya es el séptimo de una serie de talleres elaborados por unas estudiantes de la Universidad del Valle, a las cuales estoy apoyando junto con un compañero desde el área de diseño.

Imaginé por un momento estar en un lugar así. Sentí temor. Creo que es una realidad difícil de afrontar, es un lugar con muchas historias desgarradoras y una situación en la que creo que nadie quisiera estar, pero que muchos están.

Los resultados del taller fueron muy positivos, las chicas resultaron ser muy talentosas y aunque en algunos casos necesitaron algo de apoyo, lograron sacar sus diseños e ideas adelante. Salimos todos con un beso, un abrazo de parte de cada una y con una sonrisa en el rostro por haber vivido esta experiencia.

Fue definitivamente una vivencia que hace valorar las pequeñas fortunas que tenemos en la vida, poder salir a caminar a cualquier lugar, poder viajar por el mundo o comer lo que quieres. Incluso poder ver el reloj ( no se podía entrar), tener un celular, poder tomar una foto. Nuestra vida está llena de bendiciones, bendiciones dadas por dioses con diferentes nombres en diferentes culturas, pero finalmente bendiciones que debemos agradecer.

Cada persona tiene una historia por contar, pero puedo decir con certeza que estas niñas tienen más de mil.

Amo ser mujer, pero más que ser mujer, amo ser una mujer libre.

Gracias por leer.