Mi cine en casa fue Blockbuster

Vivo a una cuadra de lo que a partir de hoy es una tienda B-Store, en cuya fachada justo ayer colocaron el logo que veré durante los años siguientes.

La referencia para aquellos que me visiten en casa no será más “estoy cerca de un Blockbuster”, y me resultará difícil describir algo como esto para que me ubiquen:

Es ineludible esa ley evolutiva de la mercadotecnia, idéntica a la de la selección natural. Comprendo perfectamente que Netflix haya propiciado el hundimiento de los clubes Blockbuster, primero en los EE.UU., luego en el resto del mundo y al final en México. En realidad fue la misma cadena Blockbuster la causante de su propia extinción al no haberse atrevido a evolucionar. Pero no es ése mi tema.

Mi preocupación era (es) la de cerrárseme esa experiencia añeja, definitivamente a la antigua de ir al videoclub a rentar una película que por alguna razón no pude ver en el cine comercial, la Cineteca, o probablemente no aparecerá en Netflix. Así fue el caso con Her, de la que todo mundo me habló maravillas en el momento de su estreno y exhibiciones posteriores en la Cineteca. Mis ocupaciones me impidieron asistir a verla. Y fue en Blockbuster que la renté hace poco más de un año para corroborar la belleza del filme y esa gran factura que le imprimió el sello de Spike Jonze. Asimismo me pasó recientemente con películas de arte como Nebraska, Whiplash y Güeros (la cual vi incompleta en el cine) o algunas comedias. Al saber de la inminente desaparición de los Blockbuster, me intrigaba la idea de perder la posibilidad de esperar el cine no visto en salas para llevármelo por una renta (a veces al dos por uno) a la comodidad del sofá.

Me gustaba contemplar familias o parejas recorriendo los pasillos en busca de algo que ver en días festivos. O simplemente caminar entre los estantes de las series de TV aunque decidiese no llevarme nada.

La llegada de B-Store deja en suspenso la posibilidad de rentar cine para llevar a casa, al menos en el sentido en que se hacía antaño. Al parecer, sólo se podrá rentar el 20% de lo que hizo su antecesora, lo que significa que quizá sólo veremos en sus estantes las novedades más taquilleras y por escaso período de tiempo.

Anteayer miré con nostalgia (en la B-store a la susodicha cuadra de mi casa) a uno de esos jóvenes entusiastas y cinéfilos de playera negra llenando cajas de cartón con películas que no se rentarán más. Era de esos que se saben de memoria títulos y fechas de realización, encuentran en segundos la ubicación de un filme casi desconocido y piden con voz amabilísima el número telefónico para confirmar la autenticidad del cliente. Le pregunté por el futuro del establecimiento. Ya somos B-store, me dijo, la experiencia va a ser la misma, sólo cambiamos de nombre. Pero afuera me pareció que no sería así, cuando colocaban el nuevo logotipo y daban fin a los retoques de pintura gris en las paredes, para empezar el 2016 con nuevo look.

Ese joven, que posiblemete seguirá en el local, o quizá ya no más, me hizo pensar en el antiguo empleado de Blockbuter y tuitero Brendan Mitchell (@Wetmovie) y su video melancólico sobre la desaparición de Blockbuster en los EE.UU., donde laboró por seis años: Goodbye Blockbuster Video.