Carta a la palabra

¿Quién sos? Yo te conozco bien, no te hagas. Sé que andas por la vida haciéndome creer lo que no debería, Mentirosa.

Me entrego a ti siempre ingenua, siempre bruta y demasiado joven. ¿Cómo haces? tomas la forma de mi deseo más oculto. Eres justo lo que quiero escuchar, sabes siempre a lo que quiero probar, aunque muchas veces, al final, sabes a mierda.

Maga, ilusionista, ilusión, eres eso: una mentira. Eres lo que quiero que seas, pero al final nada eres, no existes, te vas sin darme suficiente. ¿Cómo decirte que no vuelvas? Si de ti vivo, por ti amo, contigo crezco y aprendo, pero no pocas han sido las veces en las que por ti he llorado, maldita.

Dame un descanso, un tiempo, descomplícate y descomplícame. Dime que no me deje llevar, se más clara, háblame fuerte aunque duela mucho. Ven con sinceridad y pureza, no te disfraces. Ya es hora de que seas más real.

Tú, que me mientes y me vuelves a mentir, que me prometes amores y amoríos, no sos nada más que el reflejo de mis más perras ansiedades. Bruja que adivina, que engaña, que se camufla. Me rompo la cabeza preguntándome ¿por qué una y otra y otra vez caigo en tus falacias?

Vuelve y juega, me como el cuento. Siempre tan ingenua, tan inmadura, tan ilusa otra vez. Es que eso soy: ilusa. Ilusa porque no hay otra palabra para describir a una persona que siente, sueña, ríe y llora por algo que un don nadie le pintó juntando un par de letras. Pero peor, soy ilusa porque me enamoro con vos y de vos, de tus distintas formas y casi casi como vengas, incluso sabiendo que al final siempre sos una mentira.

Pues aquí me tienes: soy, en definitiva, otra de tus conquistas. Soy esa que se pega del primer sueño que le describes, que acepta promesas y es la única que las cumple, soy la que hace planes a futuro sin miedo. Así soy: todo o nada, contigo o sin ti, pero siempre esperándote. Y es que al final nunca me dejas sola, aunque tantas veces me has dejado rota.

Aquí no hay conclusiones porque volverás y sé que pronto. Espero tal vez serte más crítica y menos fiel, que estés un poco más ausente cuando me llene de verraquera y salga a buscar el amor de nuevo. Adiós, maldita, volvete seria de una vez por todas y no volvás hasta que no estemos listas las dos, hasta que maduremos.